La vida después del diagnóstico
Michael J. Fox lo tenía todo. Estaba en la cima tras Volver al futuro cuando un temblor en su dedo meñique, filmando Dr. Hollywood, lo alertó. Tenía 29 años y era oro molido para Hollywood.
Fue al médico pensando que sería estrés. Nada más. Pero el diagnóstico fue demoledor: Parkinson de inicio temprano.
“¿Cómo es posible que tenga la enfermedad de una persona mayor? Debería haberlo visto venir. El precio cósmico que tuve que pagar por todo mi éxito”, recordó años después en el documental Still.
Prefirió ocultarlo. Hiló películas como Marcianos al ataque y la serie Spin City, por la que fue nominado al Emmy. Tenía hijas pequeñas y quiso protegerlas.
Pero durante la tercera temporada de Spin City se dio cuenta: ya no podía esconderlo.
Humor, caídas y una fundación millonaria
En Still se muestra tal cual es: cayéndose frente a cámara, caminando con ayuda, con el rostro golpeado.
“No mueres de Parkinson, mueres con él”, expresa, considerando que no llegará a los 80.
El año pasado confesó al The Sunday Times: “Me gustaría simplemente no despertar un día”. Detalló fracturas múltiples en tres años: codo, mano, hombro reemplazado, pómulo…
Pero no pierde el buen humor. Escribió autobiografías como Lucky Man y ganó un Grammy. En 2020 recibió un Oscar Honorífico.
Su verdadero legado es la Michael J. Fox Foundation, creada en el 2000. Ha recaudado 2,500 millones de dólares para investigación.
“La gente me dice que los hago sentir mejor, que los inspiro a hacer cosas que no harían de otro modo. Y eso es muy poderoso”, subraya.
Hoy, Día Internacional del Parkinson, su historia resuena más fuerte que nunca.




