La doble crisis que congela los escenarios
La pandemia ya no es el único monstruo bajo la cama de los artistas. Para figuras como Mario Bezares y su esposa Brenda, la combinación de una economía débil y un clima migratorio hostil en Estados Unidos ha creado una tormenta perfecta. Un panorama donde el público no sale y los agentes de ICE sí.
En una charla cruda durante el reality ¿Apostarías por mí? con Lupillo Rivera, Bezares soltó la bomba: las redadas están cancelando conciertos. Literalmente.
“Yo he parado giras porque empezó la redada. La gente no sale”, confesó el conductor.
La anécdota que puso los pelos de punta fue una gira en Austin, Texas. Treinta minutos antes de salir al escenario, recibió una llamada urgente advirtiéndole que no saliera del hotel.
“Me dijeron: ‘Acaba de venir una redada en el salón donde te ibas a presentar y están agarrando parejo'”.
Lo más escalofriante es que ni siquiera tener visa y papeles en regla era un escudo suficiente. Le explicaron que en medio del caos de un operativo, podían llevarlo a un centro de detención igualmente mientras verificaban sus documentos. Bezares optó por lo sensato: no arriesgarse.
Pero esto va más allá de una anécdota personal. Brenda preguntó a Rivera si él también notaba la caída en picado de los eventos. La respuesta fue un sí rotundo y nostálgico.
“Hacíamos muchísimos eventos del 2020 para atrás: ferias de pueblo, Estados Unidos, todo lo que es el norte, Zacatecas”, comentó Lupillo.
El consenso es claro: entre los cambios gubernamentales y la economía apretada, la gente simplemente ha dejado de llenar las plazas y los salones de baile, especialmente al norte de la frontera.
Y aquí viene el golpe final: el problema se está institucionalizando. Ambos artistas coincidieron en que varias agrupaciones, sobre todo del género regional mexicano, han visto cómo les cancelan las visas directamente. Es un golpe doble: primero el miedo frena al público, luego las autoridades frenan a los artistas.
Con el Mundial de Fútbol en el horizonte absorbiendo toda la atención (y el dinero para entretenimiento), ni Bezares ni Rivera ven una luz al final del túnel a corto plazo. Lo que antes era una industria vibrante de ferias y giras ahora opera bajo el miedo constante a una redada o a un local vacío.
La cultura popular siempre ha sido un termómetro social. Y lo que esta conversación revela es un clima gélido para los espectáculos en vivo. No es solo una crisis económica post-pandemia; es una crisis de confianza y libertad donde el arte se topa con muros muy reales.




