Cuando las sillas volaron más que los acordes
Ah, la magia de la música. O en este caso, la magia de lo que pasa cuando no tocas lo que el público quiere escuchar. Luis R Conriquez, el rey de los corridos tumbados (o al menos lo era), decidió que en su presentación en la Feria Internacional del Caballo en Texcoco no sonarían narcocorridos. ¿Razón? Las autoridades locales amenazaron con meter a su equipo en la cárcel si se atrevían a glorificar el crimen organizado. ¡Qué detalle!
Pero claro, comunicar esto al público antes de que empezaran los abucheos y las sillas voladoras (sí, literal) no pareció prioritario. Según Luis R, todo fue un “malentendido”. Porque nada dice “malentendido” como un escenario que parece el set de Juego de Tronos en plena batalla. “Oigan, plebes, no voy a cantar narcocorridos esta noche”, confesó entre risas el cantante, como si eso explicara por qué alguien lanzó un banco al aire.
La culpa no es del público, es de… ¿la falta de claridad?
En una entrevista con Adela Micha, Conriquez se mostró comprensivo con sus fans. “Ellos vienen por los narcocorridos, ¿qué esperaban?”, dijo, como si el problema fuera que el público no leyó su mente. Eso sí, admitió que quizá debió avisar antes. Pero, ojo, no todo fue caos: en Tejupilco, donde sí había seguridad extra, nadie se inmutó cuando omitió los polémicos temas. ¿Coincidencia? Nah, seguramente fue el karma.
Lo mejor vino después: resulta que un miembro de su equipo firmó un documento comprometiéndose a no tocar narcocorridos… bajo pena de seis meses en prisión. “No vaya a cantar, porque va a acabar en el tanque”, le advirtieron. Vaya motivación artística.
Mientras tanto, en el mundo paralelo de la censura
No solo Luis R sufrió las consecuencias de esta cruzada antinarcocorridos. Alfredo Olivas, en Monterrey, optó por el silencio cuando el público le pidió “El Paciente”. ¿Solución? Les pasó el micrófono y dejó que ellos cantaran. Ingenioso, Alfredo, muy ingenioso. Así no te pueden culpar, ¿verdad?
Y luego está Sergio Arau, exfundador de Botellita de Jerez, quien comparó la prohibición con la censura de los 70. “Si lo reprimes, va a ser peor”, advirtió, como si los narcocorridos fueran la nueva resistencia política. Spoiler: no lo son.
Mientras tanto, Luis R Conriquez sigue su “transformación musical” hacia el reguetón. ¿Será para evitar más vuelos de mobiliario? Quién sabe. Lo cierto es que, por ahora, Texcoco no olvidará el día en que las sillas se convirtieron en proyectiles.
¿Te sorprende la reacción del público? Comparte esta nota y descubre más historias absurdas del mundo de la música. ¡Porque la vida sin un poco de caos sería aburrida!
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