De las dunas a la Gran Manzana
Lindsay Lohan ya está de vuelta. Después de que la situación en Oriente Medio se complicara, la actriz pudo finalmente salir de Dubái, donde vivía, y fue captada este miércoles llegando a un aeropuerto de Nueva York.
Iba con su equipo esencial: su esposo, Bader Shammas, y su bebé, Luai. Sonrió para las fotos pero no dijo ni pío. Según TMZ, evitó hacer declaraciones.
La verdad es que se había quedado atrapada allí desde finales de febrero, cuando empezaron los ataques. Imagínate la tensión: quería escapar pero también tenía miedo de subirse a uno de los primeros vuelos después del ataque al aeropuerto el 1 de marzo.
¿Y por qué volvió ahora? Por trabajo puro y duro. Tiene que empezar a grabar un nuevo proyecto junto a Shailene Woodley. La vida llama, incluso cuando prefieres la calma del desierto.
Un refugio al otro lado del mundo
Su mudanza a Dubái en 2014 no fue un capricho. Fue una huida. Después de crecer bajo los flashes, necesitaba respirar. Le dijo a Vogue Arabia:
“No encontraba papeles que me encantaran. No era la vida que quería vivir… Me alejé tanto que me mudé al otro lado del mundo. Y estoy muy contenta de haber seguido mi instinto”.
Allí no solo encontró paz. Encontró a su marido, Bader (“él es muy tranquilo y yo soy como un petardo”, dijo), y formaron su familia. Su hijo Luai nació ahí el año pasado.
“Estar en Dubái es muy relajante. Puedo pasar tiempo con mi familia. La ciudad me da la sensación de estar con lo más importante”.
Ahora esa tranquilidad se interrumpió por el conflicto… y por un guion que la espera en Hollywood. No se sabe cuánto durará esta vuelta a casa. Pero por ahora, el viaje de ida y vuelta entre dos mundos sigue su curso.




