El regreso del rey de la melancolía (y los chistes malos)
Ah, 2005. El año en que James Blunt decidió que el mundo necesitaba más lágrimas y guitarras acústicas. Dos décadas después, el cantante británico —ahora con 51 años y, presumiblemente, una colección de suéteres aún más deprimentes— se presentó en el Pepsi Center de la Ciudad de México para celebrar los 20 años de su álbum Back to Bedlam. ¿El resultado? Seis mil almas valientes (según cifras “oficiales”, porque claro, alguien lleva la cuenta) coreando canciones que probablemente usaron como banda sonora de sus dramas adolescentes.
Un viaje en el tiempo, con parada en Ibiza
La velada comenzó puntual, como buen británico, a las 21:00 horas con “High”. No, no era un guiño a sus posibles hábitos recreativos, sino el primer tema del disco que vendió 12 millones de copias. Blunt, en un arranque de originalidad, decidió interpretar el álbum en orden. Qué riesgo, ¿verdad? Entre canción y canción, el artista demostró que su español sigue siendo tan bueno como su habilidad para hacer llorar a una piedra: “Hola México, ¿todo bien está boche?”. Brillante. Casi como si Duolingo le hubiera abandonado a mitad del camino.
El momento cumbre llegó con “You’re Beautiful”, ese himno generacional que nos recordó que, sí, todos nos enamoramos de desconocidos en el metro (pero sin stalkearlos, por favor). La audiencia, emocionada, cantó como si fuera 2005 y sus problemas fueran reprobar matemáticas. Blunt, en un gesto de humildad, bromeó: “¿Quiénes compraron mi primer disco en 2005? Gracias a ustedes tengo una gran casa en Ibiza”. Vaya, al menos es honesto sobre el poder del marketing de la tristeza.
Nostalgia, anécdotas y un piano
Entre “Goodbye My Lover” (el himno de los corazones rotos) y “Wisemen” (para los que fingían profundidad filosófica), Blunt confesó: “No he tocado mucho estas canciones en 14 años”. Qué coincidencia, ¡tampoco nosotros las hemos escuchado! Pero ahí estaban, como un tatuaje juvenil del que no te arrepientes… mucho.
El concierto, en un ambiente sombrío e íntimo (léase: luces tenues y suficientes suspiros para inflar un globo aerostático), incluyó canciones posteriores como “Carry You Home” y “Stay The Night”. Porque, claro, después de recordar tus peores rupturas, ¿qué mejor que un par de temas para fingir que superaste algo?
Blunt cerró la noche con “1973”, porque nada dice “despedida emotiva” como una canción sobre un club nocturno. A las 22:40, los fans salieron reconfortados: sus lágrimas juveniles seguían siendo válidas… y el británico seguía sin aprender español.
¿Te perdiste este viaje emocional? Comparte este artículo y revive la época en que creías que el amor duraba más que la batería de tu iPod. O mejor aún, explora más contenido sobre artistas que convirtieron el drama en oro (musical).




