Cuando el amor se deshace del guion convencional
Imaginen esta escena: un abogado homosexual y una actriz trans caminando por la vida, sorteando miradas ajenas y desarmando prejuicios con la misma naturalidad con la que uno elige qué ver en Netflix un viernes por la noche. Eso, en esencia, es el cóctel que nos sirve “Tesis sobre una domesticación”, la nueva película donde Alfonso Herrera cambia las sotanas por pleitos legales y un romance que no sigue el manual de instrucciones de las comedias románticas tradicionales. Porque, seamos honestos, ¿quién necesita otro final con boda y beso bajo la lluvia?
La cinta, que aterriza en las salas de cine a partir del 23 de octubre, se atreve a hurgar en todos esos temas que usualmente quedan relegados a conversaciones incómodas en WhatsApp: la monogamia, el poliamor, los acuerdos “extraños” de pareja y, en general, todo aquello que la sociedad prefiere mantener en un cajón de sastre etiquetado como “cosas de las que no hablamos en la mesa”. Herrera, en un rol que parece cortado a su medida, interpreta a este abogado que se enamora de una actriz trans, papel que asume con maestría la escritora y actriz Camila Sosa Villada, quien no solo protagoniza el filme sino que también es la autora de la novela homónima en la que se basa. Un proyecto que, según el propio Herrera, es “valiente y arriesgado”, lo que en lenguaje millennial se traduce como: “finalmente una película que no nos subestima como audiencia”.
Normalidad es la palabra clave (y no, no es aburrida)
Lo que más destaca Herrera, y con razón, es que la película no cae en el cliché de la narrativa lastimera. No es ese drama que busca ganarse un Oscar a base de lágrimas y tragedia. Tampoco es un documental que intenta explicar con lupa cómo es la vida de una persona trans. No, señores. Aquí se plantea, simple y llanamente, una normalidad. La cotidianidad de dos individuos que forman una pareja, con sus discusiones, sus risas, sus acuerdos y sus desacuerdos. Es como si la película nos mirara a los ojos y nos dijera: “¿Y qué?”. Una aproximación tan refrescante como necesaria en un panorama audiovisual que a veces peca de didáctico.
El meollo del asunto, y aquí es donde la tesis de Camila Sosa Villada cobra todo su sentido, es explorar cómo la percepción externa y los prejuicios arraigados pueden intentar dinamitar una relación que, en el fondo, navega por los mismos problemas universales de cualquier pareja: la comunicación, los límites y la sexualidad. La película plantea situaciones y acuerdos que, aunque puedan parecer inusuales para algunos, “existen y no tienen que ser juzgados”. Básicamente, un recordatorio de que meter la nariz en la relación ajena es el deporte nacional que nadie pidió.
La domesticación: cuando llega un tercero (y no es lo que piensas)
¿Y de qué va eso de la “domesticación” que suena tan a adiestramiento canino? Pues Herrera lo explica como esa pérdida de dinámicas de pareja que se experimenta cuando un tercer elemento irrumpe en la cotidianidad. Pero tranquilos, no es un triángulo amoroso al uso. El elemento disruptor aquí es un hijo adoptivo, cuya llegada sirve para mostrar, con una naturalidad pasmosa, que temas como el VIH, el travestismo o la identidad sexual pueden y deben ser tratados con la misma normalidad con la que se habla del pronóstico del tiempo. O casi.
Este proyecto cinematográfico funciona como un espejo en el que, nos guste o no admitirlo, la mayoría del público podrá verse reflejado. No porque todos hayamos vivido las mismas circunstancias exactas, sino porque al abordar relaciones humanas, límites y sexualidad, la película inevitablemente abrirá conversaciones. Es ese tipo de cinta que ves con tu pareja o con tus amigos y que, al salir del cine, te obliga a plantearte preguntas incómodas pero necesarias. En una era donde las discusiones en redes sociales suelen ser binarias y llenas de odio, “Tesis sobre una domesticación” se atreve a proponer un diálogo matizado, complejo y, sobre todo, humano.
En un mundo hiperconectado pero emocionalmente desconectado, donde las apps de citas nos han convertido en productos y los algoritmos deciden con quién podríamos ser compatibles, una película que habla de los acuerdos reales, del trabajo diario que implica querer a alguien y de la construcción de una familia fuera del molde heteronormativo, es casi un acto de rebeldía. Una rebelión con palomitas, eso sí.
Así que, si están cansados de las mismas historias de amor recicladas y buscan una propuesta que les haga pensar, sentir y quizás incluso replantearse sus propias ideas, esta es su oportunidad. Compartan esta noticia con esa persona con la que siempre tienen debates interminables y exploren más contenido relacionado con el cine que realmente importa. La conversación acaba de empezar.




