La historia de maternidad que no te esperabas
Imagínense esta escena: Federica Quijano, sí, esa de Kabah que nos soundtrackeó la adolescencia con “La Calle de las Sirenas”, pasando más miedo que tu ex cuando le sale la foto de perfil con su nueva pareja. Pero no por un fracaso amoroso, no. El terror venía de algo mucho más profundo: el pánico de que le arrebataran a sus hijos por el delito imperdonable de… *revisa notas*… amar a personas independientemente de su género. El plot twist más dramático de la telenovela de la vida real.
Resulta que nuestra protagonista, en su journey personal, decidió que la maternidad biológica no era su destino y optó por la adopción. Porque, seamos honestos, en un mundo sobrepoblado, ¿qué tiene de malo darle hogar a quien ya existe? Pero oh sorpresa, el camino no fue precisamente un TikTok de gatitos bailando. Investigó y llegó a un albergue para menores en situación de abandono, y después de una batalla legal que haría parecer fácil conseguir boletos para Bad Bunny, conoció a María, quien tenía tres meses al momento de la adopción. Una bebé que necesitaba una mamá y encontró una que canta mejor que nosotros en la regadera.
Cuando la vida te envía otro ángel (y este viene con manual de instrucciones diferente)
Pero el universo, en su humor particular, tenía preparado otro regalo. Conoció a Sebastián, un bebé que había sido abandonado literalmente en la basura (sí, leyeron bien, en la BASURA), que había sufrido neumonía, rinitis, estaba descalcificado y con mordidas de animales. Básicamente, el nivel de dificultad de la crianza en modo experto. Federica, en lugar de correr como nosotros cuando vemos una araña, dijo “sí, acepto el desafío” y comenzó el trámite de adopción cuando el pequeño tenía un año y cinco meses.
Este segundo proceso fue más rápido porque ya tenía antecedentes de adopción, lo que en términos millennial significa que tenía buen rating como mamá. Pero aquí viene otro twist: Sebastián padece autismo, un trastorno del neurodesarrollo que afecta la forma en que una persona piensa, se comunica e interactúa con el mundo. Y nuestra chica Kabah, en lugar de entrar en pánico, se puso modo estudiante aplicada y aprendió todo lo necesario para ayudar a su hijo. Porque cuando el algoritmo de la vida te da un hijo neurodivergente, tú aprendes a hackear el sistema.
El miedo real detrás del glitter
En una charla con su hermano Apio en el podcast “Pipiris Nights” (nombre que suena a esas conversaciones profundas que tienes a las 3 AM después de tres margaritas), Federica soltó la bomba: en el pasado tuvo MUCHO miedo porque llegó a pensar que por sus preferencias sexuales podía haber puesto en riesgo la adopción de sus dos hijos. Porque aparentemente, en el imaginario colectivo, se esperaba que fuera una madre “perfecta“, un concepto tan real como los filtros de Instagram.
La realidad le dio una bofetada de humildad cuando en algunas escuelas le pedían la figura paterna para que los niños pudieran estudiar ahí. Porque según este requisito arcaico, parece que criar humanos funcionales requiere específicamente un modelo con pene. Su confesión fue tan cruda como relatable:
“Soy bisexual, y como mujer sí ha sido difícil, más como adopté a mis hijos, ¿no?, y esperan que seas la mamá perfecta para el niño perfecto, para ser la familia, había escuelas donde iba y me decían ‘tiene que tener a fuerza un papá para entrar a esta escuela'”, recordó.
Porque nada dice “educación inclusiva” como excluir a familias que no se ajustan al molde nuclear de los años 50.
Los fantasmas que la perseguían
La cantante confesó sin filtros: “Me daban miedo tantas cosas; de ser atacada, juzgada, hasta de que me quiten mis hijos”. Y no estamos hablando de miedos irracionales como el que nos da cuando el WiFi se cae, sino de terror legítimo de que te arranquen a las personitas que más amas en el mundo por prejuicios caducos.
Por fortuna ahora sus dos hijos son mayores de edad, pero confiesa que sí vivió con ese miedo constante de “me van a quitar a mis hijos, me pueden quitar a mis hijos, o qué van a decir en la escuela”. Básicamente, la ansiedad social en nivel Dios, donde no solo te preocupa si tu outfit combina, sino que te quiten lo más preciado que tienes.
Y mientras la sociedad se obsesionaba con etiquetar su orientación sexual, Federica tenía claro lo importante: se ha enamorado del ser humano, de la persona, del corazón de la persona, y que ha tenido hombres maravillosos y mujeres maravillosas en su vida. Porque al final del día, el amor no tiene género, tiene conexión. Y si vamos a juzgar a alguien, que sea por su taste musical, no por a quién besa.
Esta historia nos deja una reflexión más profunda que los captions filosóficos que ponemos en nuestras fotos de atardecer: en pleno 2025, todavía existen barreras invisibles que hacen que personas perfectamente capaces de amar y criar sientan que su familia está bajo constante escrutinio y amenaza. Federica Quijano, más allá de ser una exintegrante de un grupo pop, se ha convertido en un símbolo de resistencia maternal contra los prejuicios. Sus hijos no solo ganaron una madre, sino una guerrera que enfrentó el estigma social con la misma determinación con que enfrentaba los coreografías en sus tiempos de Kabah.
¿Y saben qué es lo más irónico? Que mientras algunas instituciones educativas le exigían una “figura paterna”, ella estaba criando sola a dos seres humanos con más éxito que muchas parejas “tradicionales”. Porque la calidad parental se mide en amor, paciencia y dedicación, no en la configuración de genitales de los cuidadores. Sebastián, con su autismo, y María encontraron en Federica no solo a una madre, sino a una defensora feroz que desafió los convencionalismos para darles un hogar. En un mundo obsesionado con las apariencias, ella eligió el amor real sobre la aprobación social. Y eso, queridos millennials, es tener las prioridades claras.
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