Un regreso que pega duro
Cannes, Francia. Hay pelis que envejecen bien. Y otras que, como el buen vino, se vuelven más potentes con los años. El laberinto del fauno volvió al Festival de Cannes este martes, 20 años después de su debut, y la Sala Debussy estaba hasta el tope. No era un simple replay nostálgico: fue un reencuentro emocional con una obra que, lejos de quedarse en pieza de culto, sigue hablando del presente con una fuerza que incomoda y conmueve.
Guillermo del Toro lo sabía. Se le veía en la cara antes de abrir la boca. Súper emocionado, el director mexicano soltó esta joya:
“Hace veinte años, hacer esta película fue increíblemente difícil. Fue estar en contra de todo, todo el tiempo.”
El arte como resistencia
Thierry Frémaux, el jefe del festival, recordó cómo la cinta llegó casi de contrabando, después de que Oldboy de Park Chan-wook —hoy presidente del jurado— abriera la puerta a un cine que no era主流. “Hace veinte años fue la última película del festival. Este año es la primera”, dijo entre risas cómplices con Del Toro. La sala respondió con aplausos inmediatos.
Pero el momento más fuerte llegó cuando Del Toro habló del presente. Del miedo. De la resistencia. Del arte en tiempos hostiles.
“Vivimos tiempos que hacen que esta película sea más pertinente que nunca. Nos dicen que todo es inútil: resistir, que el arte es inútil.”
Recordó las dificultades de producción: falta de lana, rodaje complicado, postproducción caótica, y llegar a Cannes “con la copia bajo el brazo”. También evocó la ovación de 23 minutos que, confesó, todavía le cuesta procesar. “No estoy acostumbrado a la adulación”, soltó entre risas. “Alfonso Cuarón estaba conmigo y me dijo: ‘Deja que el amor entre’.”
Ofelia, símbolo de resistencia
Del Toro habló de Ofelia como símbolo de quienes se niegan a aceptar que el mundo solo puede organizarse desde la violencia o el miedo. Dijo que las generaciones jóvenes siguen encontrando en la peli una forma de resistencia emocional.
“Todos los que aman ‘El laberinto del fauno’, cada año, están en sus veintes. Conecta con la fuerza de ser joven cuando el mundo te dice que estás equivocado y tú sabes que estás en lo correcto.”
A su lado, Ivana Baquero escuchaba conmovida. Horas antes había recordado cómo Del Toro la dirigió “como una adulta” cuando tenía 11 años. “Fue una masterclass con tan solo 11 añitos”, dijo. “Me marcó un antes y un después”.
La peli, ahora restaurada en 4K, volverá a estrenarse en octubre. Pero en la Debussy la sensación era otra: no la de una restauración técnica, sino la de una obra que sigue viva porque el mundo todavía se parece demasiado al monstruo que retrataba.
Antes de sentarse a verla de nuevo con el público, Del Toro dejó una última frase flotando en el aire:
“Podemos rendirnos al amor o podemos rendirnos al miedo. Nunca se rindan al miedo.”




