La carrera de Pablo Cruz Guerrero da un giro inesperado. Un año después de interpretar a Roberto Gómez Bolaños en la bioserie “Chespirito: sin querer queriendo”, el actor se adentra en el cine de terror.
Junto a Mabel Cadena —la Namora de “Black Panther: Wakanda por siempre”— protagoniza “La mujer que soñaba bajo el agua”, actualmente en posproducción. La trama sigue a una familia que viaja para reconectar tras la pérdida de su tercer hijo, un recién nacido. La madre comienza a sospechar que sus seres queridos han sido reemplazados por impostores.
“Yo soy el marido que todo el tiempo quiere conciliar, pero difícilmente lo puede ser porque en la pareja ya parece algo que no se puede”, adelanta Cruz Guerrero. “Es una película de terror en la que pasan varias cosas. Es divertido hacer el género y más al lado de alguien como Mabel. Esperamos que pueda verse a finales de año”.
Un debut prometedor
El filme es la ópera prima de Ale García y Carla Sierra. Su guion se gestó en festivales como Sitges —el certamen de cine fantástico más relevante del mundo— y el Fantastic 7 de Cannes, donde recibió comentarios positivos. La historia se inspira en el síndrome de Capgras, un trastorno que lleva a quienes lo padecen a creer que familiares y amigos han sido sustituidos por dobles; reconocen el rostro y la ropa, pero niegan la identidad y reaccionan con hostilidad.
Cruz Guerrero inició su carrera en el cine con la comedia “Casi divas” (2008), pero fue un año después cuando saltó a la vista en “El estudiante”. Sobre el rodaje de la bioserie de Chespirito —que solo ha visto una vez— confiesa que sentía inseguridad. Sin embargo, el elenco, al que llama “grupo de inadaptados”, le daba la sensación de estar cumpliendo. “Ya caracterizados éramos como una familia”, cuenta.
El actor reconoce que la bioserie abrió puertas. Del set solo conserva “algunos pines y algo más”. Intento quedarse con el chipote chillón, pero la productora se negó. “Eso era para ellos”, recuerda entre risas.
Hoy, la gente lo reconoce en la calle, incluso con barba larga. Una señal de que el trabajo, dice, no estuvo mal.