El pasado que no termina de irse
Los archivos judiciales son como ese disco rayado que tu tío pone en cada reunión familiar. Sabes cómo empieza, sabes cómo termina, pero siempre aparece un detalle nuevo que te hace decir ‘espera, ¿qué?’. Eso pasó el viernes. El Departamento de Justicia estadounidense soltó más papeles del caso Jeffrey Epstein.
Y claro, internet explotó. Como siempre.
El delincuente falleció en 2019, en su celda en el Centro Correccional Metropolitano de Nueva York.
Pero esta vez, entre los nombres que aparecieron, hubo uno que hizo clic en la memoria colectiva mexicana. Y no, no hablo solo de Carlos Slim.
El fantasma de Monterrey
Gabriela Rico Jiménez. Si tenías internet en el 2009, ese nombre te suena. Era agosto. Afueras de un hotel de lujo en Monterrey. Una mujer de 21 años, alterada, grabada por alguien con un celular.
El video se hizo viral antes de que esa palabra significara lo que significa hoy.
“¡Comieron humanos, asquerosidad, comieron humanos! Yo no estaba enterada de nada…”, gritaba frenéticamente.
En el clip, Gabriela acusaba a figuras de la élite—incluyendo al hijo de Carlos Slim—de cosas tan tremendas como canibalismo y estar detrás de la muerte del secretario Juan Camilo Mouriño. La prensa de entonces lo trató como un ‘escándalo en vía pública’ y habló de sus ‘facultades mentales’.
La policía intervino. Se la llevaron. Y después… silencio.
Hoy, con los papeles de Epstein flotando en la red, ese video volvió a circular como loco. Los foros están al rojo vivo haciendo conexiones donde quizás no las hay. O quizás sí.
Lo cierto es que nadie sabe dónde está Gabriela Rico Jiménez ahora. Los rumores dicen que fue llevada a un centro psiquiátrico en Buenos Aires. Pero son solo eso: rumores.
Lo único real es que cada vez que alguien abre un archivo viejo, el pasado nos alcanza a galope. Y nos recuerda que algunas historias nunca encuentran su final.




