Un Paso Adelante y Dos Atrás: El Impacto de las Lluvias en la Pobreza
Amigos, hoy quiero compartir con ustedes una historia de resiliencia, pero también una llamada de atención. Imaginen por un momento el esfuerzo titánico, la determinación inquebrantable que requiere para una familia salir de la pobreza. Es un camino empedrado de sacrificios, de sueños pospuestos y de una fe inquebrantable en un futuro mejor. El año pasado, 38.1% de la población de Veracruz, Hidalgo, Puebla, San Luis Potosí y Querétaro, los estados más golpeados por las recientes lluvias, conocía ese camino. Eso representaba 8.9 millones de habitantes, una cifra que, con esperanza, mostraba 3.5 millones menos de personas en situación de pobreza comparado con 2020, de acuerdo con las estadísticas del Inegi. ¡Cada uno de esos 3.5 millones era una victoria, una vida transformada!
Sin embargo, la vida a veces nos pone a prueba con fuerza abrumadora. El reciente desastre climático, con sus inundaciones devastadoras, amenaza con borrar ese progreso tan duramente ganado. Expertos en desarrollo social alertan con preocupación sobre un riesgo inminente: una parte significativa de esos 3.5 millones de guerreros que habían superado la pobreza podrían retroceder a esta situación, o incluso caer en la pobreza extrema. ¿La razón? La pérdida brutal de sus viviendas y, lo que es aún más crítico, de sus medios de subsistencia. Es como construir un castillo de naipes y que una ráfaga de viento lo tumbe; el esfuerzo fue real, pero el resultado es frágil.
José Nabor Cruz, quien fue secretario ejecutivo del Coneval y ahora es profesor e investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, lo explica con claridad: “En los últimos cinco años, algunos habitantes de los municipios afectados podrían haber superado su estado de pobreza o pobreza extrema, pero lamentablemente por las afectaciones de las fuertes inundaciones, podrían haber retrocedido de nueva cuenta a ese estatus”. Esta no es solo una estadística fría; son historias de esfuerzo truncadas, son sueños que se desdibujan bajo el agua.
La Cruda Realidad de los Municipios Más Golpeados
Pongamos el foco en el epicentro de esta emergencia. Aproximadamente 3 millones de personas habitaban los 91 municipios más afectados por las lluvias en estas cinco entidades. De ellos, en 2020, según la última medición municipal del Coneval, 2 millones (67% de su población) estaban en situación de pobreza. Pero la situación a nivel local es aún más desgarradora. En muchos de estos ayuntamientos, la proporción de población vulnerable era ya alarmante y, sin duda, el desastre climático no ha hecho más que empeorar una realidad ya de por sí compleja.
¿Por qué seguimos hablando de datos de 2020? Nabor Cruz lo aclara: “Hoy es válido tomar los datos de pobreza a nivel municipal de hace cinco años, porque es el último registro que tenemos de información oficial que nos podrían servir como punto de referencia de la situación en estas localidades”. Esta es la fotografía base con la que debemos trabajar para entender la magnitud del retroceso.
Esa fotografía ya mostraba grandes carencias. En 2020, en estos mismos municipios, el Coneval encontró que 1.6 millones de habitantes (54%) carecían de acceso a servicios básicos en la vivienda. Imaginen vivir sin agua potable, sin drenaje, sin electricidad de manera constante. Además, 851 mil personas (28%) tenían problemas para conseguir alimentación nutritiva y de calidad. La lucha diaria no era solo por el progreso, sino por la supervivencia misma. A esto se sumaban 540 mil personas (18%) que sufrían por la calidad y espacios de su vivienda, y 539 mil (18%) que carecían de acceso a los servicios de salud. Las recientes lluvias han convertido estas carencias en una crisis humanitaria.
La tragedia se profundiza cuando analizamos los reportes oficiales: los municipios donde el impacto de las lluvias e inundaciones fue más severo registraban, en su mayoría, tasas de pobreza superiores al 70% de sus habitantes en 2020. Por ejemplo, Coyutla, en Veracruz, tenía un 84% de su población en pobreza. Espinal, también en Veracruz, alcanzaba el 78%. En Hidalgo, Tianguistengo registraba un 79% y Huehuetla un 76%. En Puebla, la situación era igual de crítica: Tlacuilotepec con un 84% y Pahuatlán con un 83%. San Luis Potosí presentaba casos como Tampacán y San Vicente Tancuayalab, ambos con un 77.1%. Incluso en Querétaro, Pinal de Amoles tenía una tasa del 72%. Estos no son números; son comunidades enteras que partían de una situación de extrema vulnerabilidad.
Los Cuatro Pilares de la Recuperación: Reconstruir no Solo Casas, sino Oportunidades
Frente a este panorama, Nabor Cruz identifica cuatro factores clave que impactan a la población en general, y con mayor crudeza a quienes viven en situación de pobreza. Superar este momento histórico requiere de un enfoque estratégico y una acción concertada en estas áreas.
El primer pilar es la reactivación económica local. La pregunta crucial es: ¿qué tan rápido se pueden recuperar las actividades económicas en estos municipios? La destrucción de caminos y carreteras ha paralizado por completo las actividades agrícolas, ganaderas y comerciales. Esta interrupción forzosa se traduce, de manera inmediata, en una pérdida temporal de empleo e ingresos laborales. Para una familia que vivía al día, esta suspensión de actividades no es un inconveniente, es una catástrofe. La recuperación económica debe ser la prioridad número uno.
El segundo factor, íntimamente ligado al primero, es la rehabilitación urgente de la infraestructura vial. La rapidez con que se restauren las vías de acceso es literalmente un salvavidas. De ello depende no solo la reanudación de los servicios privados, sino, y sobre todo, la prestación de servicios públicos gubernamentales esenciales, en especial los educativos y de salud. Un camino cortado es una escuela cerrada y un centro de salud inaccesible. Restablecer la conectividad es restablecer la vida.
El tercer elemento es, quizás, el más visible y doloroso: el estado de la vivienda. Las inundaciones han dejado un escenario desolador de pérdida total de hogares. Muchas familias lo han perdido absolutamente todo. Para otras, la afectación se manifiesta en la interrupción de los servicios de luz, drenaje y agua potable. Sin un techo seguro y servicios básicos, la dignidad y la salud de las personas se ven profundamente comprometidas. La reconstrucción de viviendas debe ir más allá de los ladrillos; debe reconstruir la sensación de seguridad y hogar.
Finalmente, el cuarto pilar es la seguridad alimentaria. En un estado de emergencia como el actual, la temática y la calidad de la alimentación que reciben las personas se ve severamente afectada. El riesgo de desnutrición, especialmente en niños y adultos mayores, aumenta exponencialmente. Garantizar el acceso a alimentos nutritivos no es una ayuda, es un derecho fundamental que no puede esperar.
Comunidad, esta situación nos recuerda la profunda interconexión que tenemos como sociedad. El progreso de unos es el progreso de todos, y el retroceso de estos millones de personas nos afecta como nación. Pero en cada crisis yace una oportunidad. Una oportunidad para reconstruir de manera más inteligente, más justa y más resiliente. Una oportunidad para demostrar que la solidaridad es más fuerte que la adversidad. La transformación positiva nace de la acción consciente y del apoyo mutuo. Comparte este mensaje para que más personas conozcan la realidad que se vive en estos estados y juntos, con conciencia y determinación, podamos apoyar la reconstrucción de vidas y esperanzas. ¿Conoces iniciativas de apoyo a los afectados? Compártelas en tus redes sociales y ayudemos a que esta ola de solidaridad crezca aún más. Explora más contenido sobre desarrollo social y sostenibilidad para entender cómo podemos construir un futuro más fuerte para todos.




