“No hay día que no llegue, ni plazo que no se cumpla”, reza el viejo dicho mexicano. La frase cobró sentido este jueves para Raúl Jiménez.
El delantero de la Selección Mexicana disputaba su tercera Copa del Mundo. Nunca había marcado. Hasta que llegó el minuto 67 ante Sudáfrica en el Estadio Ciudad de México.
El momento histórico
Roberto Alvarado envió un centro preciso al área. Jiménez se elevó con determinación y conectó un cabezazo que significó el segundo gol del Tricolor. Fue un instante de liberación.
El atacante celebró mirando al cielo, un gesto cargado de emoción. La anotación no solo rompió su sequía mundialista, sino que también lo colocó como el segundo máximo goleador histórico del combinado nacional, empatando con Jared Borgetti con 46 tantos.
Jiménez, quien recientemente anunció su regreso a los Wolves, reforzó su lugar en la historia del fútbol mexicano. Su persistencia rindió frutos en el escenario más importante.




