El duelo que nadie esperaba (pero todos disfrutamos)
Ah, el golf. Ese deporte donde los jugadores caminan kilómetros para golpear una pelotita y luego mirarla rodar con desesperación. Pero esta vez, en el LIV Golf México, Joaquín Niemann decidió que no bastaba con caminar: también quería llevarse el trofeo. Y vaya que lo hizo, aunque Bryson DeChambeau casi le arruina la fiesta.
El estadounidense, conocido por su obsesión con la física del swing (y por hacer que el golf parezca un experimento de laboratorio), lideró gran parte del torneo. Hasta que Niemann, el chileno que ya había ganado en Mayakobá, dijo: “Aquí no, amigo”. Y así, en un giro digno de telenovela, el capitán del Torque remontó para llevarse la victoria con un -16, dejando a DeChambeau y al australiano Lucas Herbert mordiendo el polvo en segundo lugar (-13).
Los mexicanos: entre el drama y la tragedia
Carlos Ortiz, el orgullo tapatío, empezó como un cohete… y terminó como un fuego artificial mojado. Con birdies en las banderas 3, 5, 11 y 13, parecía que podría colarse en la pelea. Pero luego llegaron los bogeys, un doble bogey en el hoyo 15 (¿quién le puso esa trampa?) y, para rematar, un chapuzón involuntario en el agua del hoyo 18. Resultado: puesto 16. Al menos no fue tan mal como Abraham Ancer, quien nunca encontró su ritmo y terminó en el puesto 26, dejando a sus seguidores preguntándose si jugó con los ojos cerrados.
¿Y la galería? Ah, sí, esa multitud que pagó por ver golf y terminó viendo un drama shakesperiano con palos y pelotas. El Club Chapultepec fue testigo de risas, gritos y algún que otro suspiro de frustración. Pero al final, todos se fueron con una historia que contar: la del chileno que les robó el show.
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