El Tri ofrece otro espectáculo de montaña rusa emocional
Porque ¿qué sería del fútbol mexicano sin un poco de drama innecesario y una pizca de sufrimiento gratuito? Este martes, la selección nacional, en su infinita generosidad, decidió regalarnos otro capítulo de esa telenovela que tanto nos encanta: un emocionante empate 2-2 contra Corea del Sur que dejó a todos preguntándose si acababan de ver un partido de preparación o una terapia grupal para manejar la ansiedad.
El delantero Santiago Giménez, en un acto de heroísmo tardío digno de las mejores películas de Hollywood, ingresó desde el banquillo para anotar un gol en el tiempo de descuento y, aparentemente, salvar el honor de una nación en un amistoso. Porque nada dice “preparación para un Mundial” como necesitar los minutos finales para empatar contra un rival que también estaba probando jugadores. México, siempre tan predeciblemente impredecible.
Una montaña rusa de emociones y goles
Raúl Jiménez, ese fantasma que ocasionalmente decide materializarse en la selección, puso al frente a los mexicanos con un remate de cabeza a los 22 minutos. El héroe inesperado del Fulham ahora tiene 44 goles y se coloca a sólo dos de alcanzar a Jared Borgetti en el segundo puesto entre los anotadores históricos. Lo cual es irónico considerando que a veces parece jugar con las botas prestadas.
Pero claro, la felicidad no puede ser eterna en el universo del Tri. Son Heung-Min, quien tuvo la decencia de esperar al segundo tiempo para entrar al campo (46′), decidió empatar el encuentro a los 65 minutos. Como si un jugador de clase mundial necesitara más de veinte minutos para descifrar el misterioso sistema defensivo mexicano. Oh Hyun-Gyu completó la humillación temporal poniendo el 2-1 a los 75 minutos, porque ¿qué sería del fútbol mexicano sin un poco de masoquismo colectivo?
El Tri presionó en los minutos finales con esa desesperación característica que tanto nos emociona y nos aterra simultáneamente. Giménez estuvo cerca de igualar con un disparo desde fuera del área que el portero coreano, haciendo su mejor impresión de superhéroe, mandó a tiro de esquina a los 88 minutos. Porque obviamente no podía ser fácil.
Finalmente, en el minuto 94, Giménez decretó la igualdad al recortar a un jugador fuera del área y concretar con un disparo pegado al poste derecho. ¡Gol de honor! ¡Empate salvaje! ¡Todos felices! ¿O no? Porque al final del día, este resultado significa que los mexicanos terminaron sin triunfos su gira de dos partidos por Estados Unidos. Pero hey, al menos no perdieron, ¿verdad? ¿Alguien se conforma con eso?
El experimento de Aguirre: ¿genialidad o locura?
Para enfrentar a los coreanos, el entrenador Javier Aguirre realizó ocho cambios respecto al partido ante Japón del fin de semana pasado. Porque nada prepara mejor para un Mundial que probar tantas alineaciones que ni los jugadores saben con quién están jugando. Sólo Jiménez, el volante Marcel Ruiz y el central Johan Vázquez repitieron en la alineación inicial. ¿Estrategia maestra o experimento fallido? El resultado sugiere que quizás deberíamos llamarlo “un poco de ambas”.
Los coreanos, que vencieron a Estados Unidos en un amistoso el fin de semana pasado, hicieron algo similar y sólo repitieron a dos de sus jugadores. Lo cual plantea la pregunta filosófica del día: ¿si dos equipos experimentan en un partido amistoso y nadie juega seriamente, realmente importa el resultado? México se puso al frente cuando el lateral Rodrigo Huescas mandó un centro desde la derecha hacia el corazón del área, donde Jiménez cabeceó y mandó la pelota pegada al poste izquierdo. Un momento de brillantez que nos hizo creer, brevemente, que quizás las cosas serían diferentes esta vez.
Los surcoreanos empataron por medio de Heung-Min, quien recibió una pelota dentro del área y disparó potente para dejar sin oportunidad al portero suplente Raúl Rangel. Porque ¿qué mejor momento para probar a un portero suplente que contra delanteros de clase mundial? El equipo asiático, que fue mejor en el complemento, se adelantó en una jugada por velocidad en la que Hyun-Gyu concretó con un disparo rasante por el primer poste del arquero mexicano. Por supuesto que sí.
Así que aquí estamos, analizando un empate en un amistoso como si fuera la final de una copa internacional. Los próximos rivales en octubre serán Colombia en Arlington, Texas, y Ecuador en Guadalajara. Dos nuevos capítulos en esta interminable novela de preparación para el Mundial 2026. ¿Apostamos cuántos cambios hará Aguirre para esos partidos? ¿Diez? ¿Quince? ¿Quizás incluya a algunos aficionados del estadio para completar el once?
Al final, el fútbol mexicano nos regala estas joyas de contradicciones: momentos de genialidad individual mezclados con inconsistencias colectivas, resultados que saben a poco pero que celebramos como victorias morales, y la eterna promesa de que “la próxima vez será diferente”. Mientras tanto, los aficionados seguimos aquí, consumiendo cada minuto de esta relación tóxica con la esperanza de que algún día el Tri nos ame tanto como nosotros lo amamos a él.
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