Deportes
Los Dodgers y la eterna discusión sobre las dinastías modernas
El debate está servido sobre qué define a un equipo legendario en la era moderna del béisbol. ¿Tres anillos en seis años bastan?
La palabra con ‘D’ que vuelve locos a todos
Ah, la dinastía. Esa palabra grandilocuente que los comentaristas deportivos pronuncian con la misma reverencia que un cardenal nombrando a un papa. Y ahora, los Dodgers de Los Ángeles, esos amables caballeros que no han dejado de acumular títulos divisionales como si fueran cromos, están a un paso de que les coloquen esa etiqueta. ¿Su crimen? Posiblemente conseguir su tercer título de la Serie Mundial en seis años. ¡Qué osadía! En un deporte donde ganar uno solo ya se considera un milagro estadístico, acumular tres huele a… ¿a qué huele exactamente? ¿A grandeza o a simple y llana acumulación de talento comprado con billetes?
Freddie Freeman, el primera base, se aventuró en el pantanoso terreno de la definición con la cautela de un diplomático: “Ganar uno ya es difícil. Si puedes conseguir tres en un lapso de cinco, seis años, supongo que podrías decir que es una dinastía”. Vaya, Freddie, ¡qué atrevimiento! Noten el “supongo” y el “podrías decir”. Hasta los propios jugadores parecen caminar sobre huevos al pronunciar la palabra mágica, como si temieran que los fantasmas de Babe Ruth o Lou Gehrig fueran a aparecer para reclamarles el copyright del término.
El club exclusivo de los que sí pueden presumir
Porque, claro, para entender por qué esto es un debate, hay que mirar al pasado. Allí, en el Olimpo del béisbol, residen los Yankees de Nueva York con sus cinco coronas consecutivas (1949-53), sus cuatro seguidos (1936-39) y sus tres a finales de los 90. Junto a ellos, los Atléticos de Oakland de los 70 con su trío de trofeos. Esos, nadie discute que son dinastías. Eran épocas en las que, al parecer, la excelencia era más… excelente. El comentarista Bob Costas, con la sabiduría que dan los años frente al micrófono, suelta la bomba: “Si estuviera transmitiendo, no me referiría a ellos como una dinastía”. Toma ya. Bob no se muerde la lengua y luego compara a los Dodgers con los Bravos de Atlanta, que ganaban divisiones para desayunar pero luego tropezaban en la Serie Mundial con la elegancia de un patinador novato.
Pero he aquí el giro argumental: el propio Costas, en un alarde de flexibilidad mental digna de un yogui, está dispuesto a considerar el uso de la palabra. ¿La razón? “Los tiempos han cambiado”. ¡Ah, claro! Resulta que las reglas del juego para ser inmortal han sido actualizadas, como el sistema operativo de un teléfono. Ahora con wildcards y playoffs expandidos, el camino es diferente. Ya no se trata de ser el mejor en 162 juegos, sino de ganar cuatro de siete partidos clave. Es como si antes te pidieran escalar el Everest y ahora, con la ayuda de un teleférico, solo tuvieras que dar el último paso. ¿Es lo mismo? La polémica está servida.
Mientras los puristas se agarran los cabellos, los Dodgers han estado ocupados haciendo lo suyo: ganar 12 de los últimos 13 títulos de la División Oeste de la Liga Nacional. Incluso el año que terminaron segundos, amasaron 106 victorias. Una temporada que para cualquier otro equipo sería histórica, para ellos fue un fracaso. Qué vida tan dura.
Los jugadores, entre anillos y el Salón de la Fama
Mookie Betts, por su parte, parece vivir en una realidad paralela más pragmática. “Estoy más preocupado por prepararme para los juegos que por contemplar el sitial histórico del equipo”, declara. Vamos, Mookie, no nos vengas con esa modestia. Luego, casi sin querer, suelta: “Si estás pensando en ir a la postemporada y obviamente tener la oportunidad de ganar Series Mundiales año tras año, supongo que eso calificaría como algún tipo de dinastía”. “Algún tipo de”. La frase perfecta para no comprometerse del todo. Es el equivalente beisbolero de “es complicado”.
John Thorn, el historiador oficial de las Grandes Ligas, intenta poner un poco de cordura en el asunto con un correo electrónico que, sin duda, escribió con una pluma de ave. Para él, una dinastía moderna se define por “banderines consecutivos o títulos de división ganados, no por campeonatos de la Serie Mundial”. Vaya, vaya. Según esta lógica, un equipo podría ganar diez divisiones seguidas, caer en primera ronda de playoffs cada vez y aun así ser una dinastía. ¿No les parece una definición un poco… indulgente? Es como llamar “gran chef” a alguien que compra los mejores ingredientes pero luego quema la comida sistemáticamente.
Y no olvidemos el pequeño detalle de 2020, ese título en la temporada acortada por la pandemia con playoffs expandidos. Para algunos, ese anillo lleva un asterisco mental del tamaño de una pelota de béisbol. ¿Cuenta igual? ¿O es como ganar un maratón donde te dejaron empezar en el kilómetro 40?
Dave Roberts, el mánager, lo tiene claro: “Simplemente nos coloca en el Monte Rushmore de las organizaciones deportivas”. ¡Fama y gloria! Aunque, siendo justos, en el Monte Rushmore real solo hay cuatro caras. Y con los Yankees, los Cardenales, los Gigantes y los Medias Rojas compitiendo por un espacio, va a haber que hacer una ampliación de la montaña.
Mientras los filósofos del béisbol debaten, Betts mira más allá del polvo del diamante, hacia Cooperstown: “Obviamente, mi objetivo final y el objetivo de probablemente todos es estar en el Salón de la Fama algún día, y creo que eso definitivamente ayuda al caso”. Al final, todo se reduce a eso, ¿no? Los anillos son los argumentos definitivos en la conversación más importante: la de la eternidad. ¿Dinastía o no? Que lo decidan los historiadores. Mientras tanto, ellos seguirán intentando ganar partidos, que para eso les pagan una millonada.
Así que ahí lo tienen. Un equipo increíblemente bueno, a punto de lograr algo que muy pocos consiguen, y nosotros, los espectadores, discutiendo si son lo suficientemente buenos para una etiqueta. La ironía es tan deliciosa como un hot dog en el séptimo inning.
¿Crees que los Dodgers merecen ya el título de dinastía o necesitan ganar más? Comparte tu opinión en tus redes sociales y etiqueta a esos amigos que nunca se ponen de acuerdo en nada de béisbol. Y si quieres más análisis con un toque de humor ácido sobre el mundo del deporte, explora nuestro contenido relacionado.
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Exolímpicos desempolvan medallas para venderte entradas
Exatletas legendarios se reúnen para anunciar el inicio del registro de entradas para los Juegos Olímpicos de 2028, prometiendo una experiencia centrada en los deportistas.
¿Listos para la rifa olímpica? Exestrellas sacan brillo a sus medallas
Ah, el eterno ciclo de la vida olímpica. Primero te rompes el cuerpo por la gloria, luego te retiras y, finalmente, te conviertes en un elegante maniquí de lujo para campañas de venta de entradas. Así es, amigos. Este martes, bajo el peristilo del Memorial Coliseum de Los Ángeles – ese lugar que huele a historia, hot dogs y sueños rotos – se reunió lo que parecía una convención de superhéroes deportivos jubilados.
Allí estaban. Nadia Comaneci, la mujer que logró el primer 10 perfecto y nos hizo creer que la perfección era posible (spoiler: no lo es). Apolo Ohno, el tipo que patinaba tan rápido que parecía desafiar las leyes de la física y ahora probablemente desafía las leyes del tráfico de LA. Bart Conner y Cullen Jones, completando un cuadro tan diverso como las disciplinas olímpicas mismas. En total, más de 300 almas que alguna vez sudaron la gota gorda por una medalla, ahora posaban sonrientes bajo un “cielo azul claro de invierno”. Porque claro, hasta el clima coopera cuando se trata de hacer marketing. ¿Será parte del paquete Premium?
El motivo de este emotivo (y fotogénico) reencuentro era, cómo no, anunciar que ya puedes registrar tu correo electrónico para tener la oportunidad de tener la oportunidad de comprar entradas. Sí, has leído bien. No es comprar. Es registrarte para un sorteo que te dará un horario para, quizás, en abril, intentar comprar algo. Suena menos complicado descifrar el código de puntuación de la gimnasia artística.
“Los Ángeles está comprometida a ofrecer unos juegos centrados en los atletas”, afirmó Janet Evans, directora de deportistas del comité y campeona nadadora que seguramente añora más las piscinas que estas ruedas de prensa.
Por supuesto. Centrados en los atletas. Por eso los reunen a todos… ¡para una sesión de fotos previa al lanzamiento del portal web! Nada dice “te valoramos” como convertirte en el fondo decorativo de un banner publicitario. Aunque hay que reconocer su esfuerzo: lograron juntar a representantes de 28 ediciones olímpicas distintas, desde 1960. Eso es casi tantas ediciones como cambios ha habido en los diseños de los uniformes (y en algunos casos, con igual dudoso gusto).
El momento más sincero –y por tanto, extraño– lo protagonizó Apolo Ohno:
“Entré y literalmente vi a unos 50 de mis amigos con los que crecí… No he visto a algunas de estas personas en diez años o más”.
Qué bonito. Un reencuentro forzado por obligaciones contractuales. La verdadera magia olímpica no está en el pebetero, sino en esos abrazos incómodos entre excompañeros a los que solo saludas por LinkedIn.
Bart Conner, siempre práctico, soltó la perla informativa: la mayoría de las instalaciones ya están construidas. Vaya revelación. En Los Ángeles ya tienen estadios; en Oklahoma City tendrán… softbol y canoa. Una combinación tan natural como el sushi con kétchup. Pero oye, al menos eso permite –según él– “centrarse en los competidores”. O sea, en hacer más sesiones fotográficas con ellos.
Mientras los exatletas daban declaraciones sobre su “voz” siendo escuchada (¿en meetings sobre colores del logo o textura del tartán?), Nadia Comaneci giraba elegantemente para los fotógrafos. La misma que revolucionó Montreal ’76 ahora revoluciona el arte del posing profesional. Ella y Conner celebrarán pronto sus 30 años de matrimonio. Treinta años juntos… casi tanto tiempo como llevamos esperando unos Juegos Olímpicos organizados con sentido común.
El gran sorteo del siglo (o cómo conseguir tu boleto)
Aquí va la información útil entre tanta ironía: si quieres sufrir la emoción de intentar pagar por ver deportes dentro de seis años, debes registrarte desde hoy miércoles en Tickets.LA28.org. Es gratis… registrarse. Luego te asignarán un horario aleatorio (¡más aleatoriedad! Justo lo que amamos) para acceder a futuras ventas.
Posteriormente venderán entradas individuales, paquetes “de hospitalidad” (que incluyen probablemente un saludo grabado de un exatleta) y paquetes con viaje y alojamiento. Porque nada complementa un evento sobre superación humana como un all-inclusive en un hotel con spa.
En resumen: un grupo irrepetible de leyendas se reunió no para competir, sino para recordarnos que el espíritu olímpico también se mide en clics y bases de datos. El mensaje está claro: los atletas son el corazón… del plan de marketing. ¿Absurdo? Tal vez. ¿Efectivo? Sin duda veremos a millones correr a registrarse.
Al fin y al cabo, ¿quién puede resistirse a formar parte –aunque sea como espectador potencial– del circo más grande (y caro) del mundo?
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¿Te tentó la posibilidad? Comparte esta joya sarcástica con ese amigo que aún cree que las mascotas olímpicas son adorables y no productos merchandising. Y si quieres más análisis donde desmontamos eventos grandilocuentes con humor ácido… ya sabes dónde seguir leyendo.
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Chivas llega a Juárez con el fantasma de un historial invicto
Chivas visita a Juárez con historial invicto en la frontera, buscando su segunda victoria consecutiva en el Clausura.
Chivas llega a Juárez con el fantasma de un historial invicto
Foto: Redes Sociales.
Ok, pongámonos en situación. Es sábado por la noche, tus planes probablemente se cancelaron y estás decidiendo entre ver otro true crime documentary en Netflix o… el fútbol. Pues atención, porque las Chivas del Guadalajara se van de paseo a la frontera para visitar al FC Juárez. El escenario: el Estadio Olímpico Benito Juárez. La ocasión: la Jornada 2 del Clausura 2026. El mood: una ilusión temprana que huele a esperanza, pero que todos sabemos lo frágil que es en esta liga.
El Rebaño Sagrado viene de ganar su debut contra el Pachuca, lo que automáticamente activa el modo “¿será este nuestro año?” en cada grupo de WhatsApp de familia. Gabriel Milito y su equipo cruzan el país con una misión clara: sumar otros tres puntos y posicionarse bien desde el arranque. Suena simple, ¿no? Como hacer dieta en enero.
Pero aquí no todo es miel sobre hojuelas. Del otro lado están Los Bravos de Juárez, que también empezaron con el pie derecho ganándole al Mazatlán FC (1-2) de visitantes. O sea, llegaron con actitud. Y ahora juegan en casa, donde suelen ponerse cómodos y hacerle la vida difícil a cualquiera. La motivación está por las nubes en ambos lados. Esto promete más tensión que una reunión familiar cuando se habla de política.
El dato que todos repiten pero nadie sabe qué significa
Ahora, hablemos del fun fact obligatorio que todos los comentaristas van a mencionar hasta el cansancio: el historial. Resulta que las Chivas jamás han perdido un partido de Liga MX en ese estadio de Juárez. Su registro ahí es de cuatro victorias y dos empates en seis visitas. Esa estadística es como ese amigo que siempre dice “en mis tiempos esto era diferente”: está ahí, da cierta confianza, pero no garantiza absolutamente nada para lo que viene.
El Guadalajara se presentará en un inmueble en el que nunca ha perdido un juego de Liga MX.
Claro, tener el historial a favor es un buen punto de partida psicológico. Es como ir a una cita y saber que le gustas a sus amigos. Pero luego tienes que respaldarlo con hechos, con juego, con goles. Y en la cancha, los números del pasado valen lo mismo que un NFT hoy: nada.
Así que esta noche tenemos todos los ingredientes para un buen drama futbolero: un visitante ilusionado y con buen recuerdo del lugar, un local motivado y peligroso en su fortín, y una jornada temprana donde todos quieren marcar territorio. ¿Se repetirá la historia o Juárez escribirá un nuevo capítulo? Más allá del resultado, preparen sus snacks y sus grupos de mensajes, porque esto va más allá de los 90 minutos; es puro material para el lore semanal de la Liga MX.
¿Vas a ver el partido? Comparte tu pronóstico y hagamos más ruido en redes. Si te gusta este mix de fútbol y cultura millennial, hay mucho más contenido donde vino esto.
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Un triunfo frío que no convence a la afición de Rayados
Monterrey vence a Necaxa, pero la victoria deja más dudas que certezas sobre su verdadero nivel en el torneo.
La victoria hueca: Rayados gana, pero no convence
La obligación se cumplió. En el gélido escenario del estadio Victoria, con el aliento del público como único calor, Rayados se impuso por 2-0 a un Necaxa que pareció resignado desde el primer silbatazo. El marcador lo dice todo y, al mismo tiempo, no dice nada. Porque en este arranque del Clausura 2026, Monterrey sumó tres puntos, sí, pero dejó una sensación amarga, un regusto a oportunidad perdida para demostrar algo más.
“Sin embargo, aún no hay motivos para creer que esta versión de Monterrey es la que merece su afición”, es la frase que resuena en los pasillos y en las redes. Es el veredicto implacable.
Fue un partido de dos caras. Una primera mitad eléctrica, donde Germán Berterame (minuto 15) volvió a ser el depredador del área y el joven Iker Fimbres (31′) aprovechó su oportunidad con la hambre de quien quiere un billete al Mundial. Dos golpes rápidos. Dos estocadas que dejaron sin respuesta a los Rayos. Y luego… silencio.
El equipo se echó atrás. No se sabe si por una orden tácita desde el banquillo o por una fatiga prematura. El caso es que los siguientes 45 minutos fueron un trámite gris. Monterrey administró, Necaxa no supo –o no pudo– reaccionar. Un duelo que se apagó cuando apenas comenzaba a arder.
La sombra de los grandes rivales
Aquí está el meollo del asunto, lo que quita el sueño a la afición rayada. Esta es la novena victoria consecutiva de Monterrey sobre Necaxa. Un dominio absoluto, casi psicológico. Pero esa estadística brilla con luz falsa. El torneo pasado ya vimos esta película: triunfos cómodos ante rivales manejables y luego… el desplome ante los candidatos al título.
La derrota en la primera jornada ante uno de esos grandes (el bicampeón vigente) pesa como una losa. Por eso este triunfo no ilusiona. Porque sabe a más de lo mismo. A un equipo que puede resolver lo previsible, pero que se encoge cuando el desafío crece.
Domenec Torrent, el estratega español, insiste en su rompecabezas táctico. Saltaron al campo con seis cambios respecto al último partido. Es su sello: rotación constante, búsqueda incansable de una fórmula mágica que aún no termina de cuajar. Prácticamente no ha repetido alineación en su etapa. ¿Genialidad o indecisión? El tiempo lo dirá.
Ahora, la carretera llama. Visitarán al Mazatlán con la misión clara: sumar una segunda victoria seguida para empezar a borrar la mala imagen del tropiezo inicial.
Mientras, en Aguascalientes, Necaxa, dirigido por Martín Varini, debe levantar la cabeza rápido. Recibirán al Atlas y tendrán la oportunidad de demostrar que aquel contundente triunfo sobre Santos Laguna en la primera fecha no fue un simple espejismo en el desierto.
Al final del día, Rayados suma tres puntos y sube en la tabla. Pero en Monterrey saben que las tablas no se ganan solo con números fríos. Se ganan con carácter, con juego y con victorias que realmente hagan vibrar a una afición exigente. Hoy eso no pasó.
¿Crees que Rayados tiene nivel para pelear por el título o esta victoria solo esconde sus debilidades? Comparte tu análisis y hagamos ruido por nuestro fútbol.
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