El ring está de luto
Este lunes, una noticia pegó duro en el corazón del boxeo mexicano. Eduardo Lamazón, esa voz inconfundible que nos hizo vibrar con cada golpe, falleció a los 70 años. Y créanme, se fue un pedazo de la historia del deporte.
¿Quién era ‘Don Lama’?
Argentino de nacimiento, mexicano por adopción. Nació en Buenos Aires el 2 de diciembre de 1956, pero su legado quedó tatuado en la televisión tricolor. Lamazón no solo narraba peleas, las vivía.
Empezó desde abajo: escribiendo crónicas en un periódico local, luego en la radio. Pero el destino le tenía preparado un round de campanazo. En un viaje a Francia, conoció a José Sulaimán, presidente del Consejo Mundial de Boxeo, quien lo invitó a sumarse al organismo. ¿Adivinen qué? No lo dudó ni un segundo.
El salto a la gloria
Como secretario del CMB, Lamazón empezó a colaborar con medios mexicanos. Pero el verdadero nocaut llegó en 2002, cuando Carlos Aguilar lo invitó a TV Azteca. Ahí, junto a leyendas como Julio César Chávez, construyó un equipo de ensueño. Su estilo único —pasión, conocimiento y esa calidez argentina— lo convirtió en referente para millones.
“El boxeo es poesía en movimiento”, solía decir. Y él era el poeta que la traducía para todos nosotros.
Hoy el ring se queda en silencio. Pero su legado, esa chispa que encendía cada narración, seguirá sonando en cada combate. Gracias, Don Lama.




