Un recuerdo que se escapa de las manos
Los balones del Mundial han acaparado titulares por su tecnología, pero también por una regla que sorprende a muchos: los aficionados deben devolverlos al campo de inmediato. La curiosidad es grande, sobre todo para quienes gastan fortunas en viajes y entradas.
“Con la cantidad de dinero que gasté, definitivamente debería poder quedarme un balón”, comentó el aficionado inglés Jack Goodwin, quien usó el enganche de su casa para viajar con su padre desde Londres.
En el fútbol, la tradición es distinta al béisbol, donde atrapar una pelota es un recuerdo de por vida. Un aficionado de Congo lo resumió: “No vinimos aquí por un premio, vinimos a ver a nuestro país”.
¿Por qué la FIFA exige devolverlos?
La FIFA no respondió oficialmente, pero el historiador Charles Cutton apunta a razones económicas y de ritmo de juego: “En el pasado solía haber un solo balón por partido. Había que recuperarlo para continuar”.
Los balones oficiales cuestan entre 60 y 180 dólares en tiendas, pero el costo real de los de partido es mayor por su tecnología. El Adidas Trionda de este Mundial tiene un sensor de movimiento de 500 Hz que envía datos al VAR para determinar fueras de juego y goles.
El profesor Jud Ready, de Georgia Tech, explica: “Han evolucionado de cuero a poliuretano. No absorbe humedad, mejora el rendimiento”. Su colega Manos Tentzeris añade que el sensor tiene precisión del 99.99% y trabaja con cámaras para ubicar cualquier punto del campo.
Tecnología que no funciona fuera del estadio
Ready señala que el balón depende de la infraestructura del estadio para comunicarse. Además, debe cargarse antes del partido con un sistema inalámbrico similar al de un reloj inteligente. Esto hace casi imposible que un aficionado pueda aprovecharlo como recuerdo funcional.
“Los balones tienen transmisores de radiofrecuencia y acelerómetros”, detalla Ready. Pero fuera del estadio, esos componentes son inservibles.
Aunque algunos sueñan con quedarse uno, la FIFA mantiene firme su política. El balón, por ahora, solo brilla dentro de la cancha.




