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Adiós a Ron Turcotte, el jinete de Secretariat
La leyenda ecuestre que montó al mejor pura sangre de la historia y luego enfrentó la adversidad con una sonrisa, se despide.
Se apaga la leyenda que cabalgó sobre un relámpago
Parece que hasta los titanes de la mitología ecuestre tienen fecha de caducidad. El universo de las carreras de caballos está de luto, o al menos, está fingiendo muy bien estar de luto entre sorbos de jerez y nostálgicos suspiros. Ron Turcotte, el hombre que tuvo el insólito privilegio de colgarse de la crin de un dios con forma de potro, ha fallecido. ¿La causa? Las temibles y prosaicas “causas naturales”, ese eufemismo elegante que usamos cuando el cuerpo simplemente decide que ya ha visto suficientes millas y preaknesses. Ocurrió en su hogar en Drummond, New Brunswick, porque ¿qué mejor lugar para un final tranquilo que el mismo sitio donde empezó todo?
Turcotte no era un jinete cualquiera. Oh, no. Este caballero canadiense fue el afortunado mortal que, en 1973, se subió a lomo de Secretariat para barrer la Triple Corona y poner fin a una sequía de 25 años. Sí, un cuarto de siglo en el que todos los demás caballos aparentemente estaban demasiado ocupados comiendo zanahorias o perdiendo. Su victoria en el Belmont Stakes no fue una victoria cualquiera; fue una masacre, una humillación pública para el resto de la competencia. Ganó por 31 cuerpos. ¡Treinta y uno! Una distancia tan obscena que probablemente le dio tiempo a Turcotte de bajarse, estirar las piernas y pedir un perrito caliente antes de que llegara el segundo.
Un récord que ni el tiempo se atreve a batir
El tiempo de Secretariat, 2:24 en las 1.5 millas del Belmont, sigue en pie 52 años después. Let that sink in. En medio siglo, con todos los avances en nutrición, genética y tecnología, nadie ha podido siquiera acercarse. Turcotte mismo lo dijo con la modestia de quien acaba de estacionar un Ferrari en el jardín del vecino: “Aún tenía mucho caballo cuando pasé la meta”. Claro, porque Secretariat no estaba cansado; solo estaba aburrido de ganar por tan poco.
Pero la vida, en su eterno sentido del humor macabro, decidió que tanta gloria ecuestre era demasiado para un solo hombre. En 1978, una caída durante una carrera lo dejó paralítico, cambiando para siempre la vida del jinete. Porque, ¿qué es más irónico que el hombre que voló más alto que nadie sobre un caballo termine con sus alas rotas por otro? Sin embargo, Turcotte canjeó la silla de montar por una de ruedas y se convirtió en un incansable defensor de los jinetes discapacitados. Porque aparentemente, ser una leyenda viviente no era suficiente; también tenía que ser un santo laico.
William J. Punk Jr., del Fondo para Jinetes Permanentemente Discapacitados, lo llamó “uno de los más grandes campeones y embajadores del deporte”. David O’Rourke, de la NYRA, se sumó al coro de elogios, destacando su “verdadero carácter” y su “legado definido por la bondad y la compasión”. Vamos, con tantos halagos, uno casi espera que abra un consultorio de terapia gratuita en el más allá.
El legado más allá del circuito
Para el mundo, Turcotte será siempre el tipo que montó a Secretariat. Para su familia, fue “un maravilloso esposo, un padre amoroso, abuelo y un gran jinete”. Un detalle conmovedor, si lo ignoramos el hecho de que poner “gran jinete” al final de esa lista es como describir a Picasso como “un amable vecino que a veces pintaba cositas”.
Su historia es de película: dejó la escuela para ser leñador, luego se mudó a Toronto para meterse en el mundo hípico, empezando como el chico que paseaba a los caballos (glorioso eufemismo para “recogedor de caca equina”) hasta llegar a lo más alto. Ganó el Preakness en 1965 con Tom Rolfe y el Derby y Belmont en 1972 con Riva Ridge. Pero fue su “amor a primera montura” con Secretariat lo que lo catapultó al Olimpo. Él mismo lo admitió: “Era el tipo de caballo que nunca volverás a ver”. Y viendo los ejemplares actuales, no le falta razón.
Con su partida, se cierra un capítulo único. Turcotte era el último miembro superviviente del equipo original de Secretariat. El potro murió en 1989, el cuidador Eddie Sweat en 1998, el entrenador Lucien Laurin en 2000, la propietaria Penny Chenery en 2017 y el jinete de ejercicio Charlie Davis en 2018. Ahora, el jinete se les une, probablemente para montar de nuevo al famoso corcel en esos celestiales campos de entrenamiento del más allá donde, suponemos, las pistas son de nubes y las zanahorias son infinitas.
Así que levanta tu copa, ya sea de whisky barato o de champán caro. Brindemos por Ron Turcotte, el hombre que cabalgó sobre un relámpago, desafió a la gravedad y luego, a la adversidad. Su historia nos recuerda que la verdadera grandeza no se mide solo en trophies, sino en cómo se corre la carrera de la vida, incluso cuando te caes del caballo.
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Exolímpicos desempolvan medallas para venderte entradas
Exatletas legendarios se reúnen para anunciar el inicio del registro de entradas para los Juegos Olímpicos de 2028, prometiendo una experiencia centrada en los deportistas.
¿Listos para la rifa olímpica? Exestrellas sacan brillo a sus medallas
Ah, el eterno ciclo de la vida olímpica. Primero te rompes el cuerpo por la gloria, luego te retiras y, finalmente, te conviertes en un elegante maniquí de lujo para campañas de venta de entradas. Así es, amigos. Este martes, bajo el peristilo del Memorial Coliseum de Los Ángeles – ese lugar que huele a historia, hot dogs y sueños rotos – se reunió lo que parecía una convención de superhéroes deportivos jubilados.
Allí estaban. Nadia Comaneci, la mujer que logró el primer 10 perfecto y nos hizo creer que la perfección era posible (spoiler: no lo es). Apolo Ohno, el tipo que patinaba tan rápido que parecía desafiar las leyes de la física y ahora probablemente desafía las leyes del tráfico de LA. Bart Conner y Cullen Jones, completando un cuadro tan diverso como las disciplinas olímpicas mismas. En total, más de 300 almas que alguna vez sudaron la gota gorda por una medalla, ahora posaban sonrientes bajo un “cielo azul claro de invierno”. Porque claro, hasta el clima coopera cuando se trata de hacer marketing. ¿Será parte del paquete Premium?
El motivo de este emotivo (y fotogénico) reencuentro era, cómo no, anunciar que ya puedes registrar tu correo electrónico para tener la oportunidad de tener la oportunidad de comprar entradas. Sí, has leído bien. No es comprar. Es registrarte para un sorteo que te dará un horario para, quizás, en abril, intentar comprar algo. Suena menos complicado descifrar el código de puntuación de la gimnasia artística.
“Los Ángeles está comprometida a ofrecer unos juegos centrados en los atletas”, afirmó Janet Evans, directora de deportistas del comité y campeona nadadora que seguramente añora más las piscinas que estas ruedas de prensa.
Por supuesto. Centrados en los atletas. Por eso los reunen a todos… ¡para una sesión de fotos previa al lanzamiento del portal web! Nada dice “te valoramos” como convertirte en el fondo decorativo de un banner publicitario. Aunque hay que reconocer su esfuerzo: lograron juntar a representantes de 28 ediciones olímpicas distintas, desde 1960. Eso es casi tantas ediciones como cambios ha habido en los diseños de los uniformes (y en algunos casos, con igual dudoso gusto).
El momento más sincero –y por tanto, extraño– lo protagonizó Apolo Ohno:
“Entré y literalmente vi a unos 50 de mis amigos con los que crecí… No he visto a algunas de estas personas en diez años o más”.
Qué bonito. Un reencuentro forzado por obligaciones contractuales. La verdadera magia olímpica no está en el pebetero, sino en esos abrazos incómodos entre excompañeros a los que solo saludas por LinkedIn.
Bart Conner, siempre práctico, soltó la perla informativa: la mayoría de las instalaciones ya están construidas. Vaya revelación. En Los Ángeles ya tienen estadios; en Oklahoma City tendrán… softbol y canoa. Una combinación tan natural como el sushi con kétchup. Pero oye, al menos eso permite –según él– “centrarse en los competidores”. O sea, en hacer más sesiones fotográficas con ellos.
Mientras los exatletas daban declaraciones sobre su “voz” siendo escuchada (¿en meetings sobre colores del logo o textura del tartán?), Nadia Comaneci giraba elegantemente para los fotógrafos. La misma que revolucionó Montreal ’76 ahora revoluciona el arte del posing profesional. Ella y Conner celebrarán pronto sus 30 años de matrimonio. Treinta años juntos… casi tanto tiempo como llevamos esperando unos Juegos Olímpicos organizados con sentido común.
El gran sorteo del siglo (o cómo conseguir tu boleto)
Aquí va la información útil entre tanta ironía: si quieres sufrir la emoción de intentar pagar por ver deportes dentro de seis años, debes registrarte desde hoy miércoles en Tickets.LA28.org. Es gratis… registrarse. Luego te asignarán un horario aleatorio (¡más aleatoriedad! Justo lo que amamos) para acceder a futuras ventas.
Posteriormente venderán entradas individuales, paquetes “de hospitalidad” (que incluyen probablemente un saludo grabado de un exatleta) y paquetes con viaje y alojamiento. Porque nada complementa un evento sobre superación humana como un all-inclusive en un hotel con spa.
En resumen: un grupo irrepetible de leyendas se reunió no para competir, sino para recordarnos que el espíritu olímpico también se mide en clics y bases de datos. El mensaje está claro: los atletas son el corazón… del plan de marketing. ¿Absurdo? Tal vez. ¿Efectivo? Sin duda veremos a millones correr a registrarse.
Al fin y al cabo, ¿quién puede resistirse a formar parte –aunque sea como espectador potencial– del circo más grande (y caro) del mundo?
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¿Te tentó la posibilidad? Comparte esta joya sarcástica con ese amigo que aún cree que las mascotas olímpicas son adorables y no productos merchandising. Y si quieres más análisis donde desmontamos eventos grandilocuentes con humor ácido… ya sabes dónde seguir leyendo.
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Chivas llega a Juárez con el fantasma de un historial invicto
Chivas visita a Juárez con historial invicto en la frontera, buscando su segunda victoria consecutiva en el Clausura.
Chivas llega a Juárez con el fantasma de un historial invicto
Foto: Redes Sociales.
Ok, pongámonos en situación. Es sábado por la noche, tus planes probablemente se cancelaron y estás decidiendo entre ver otro true crime documentary en Netflix o… el fútbol. Pues atención, porque las Chivas del Guadalajara se van de paseo a la frontera para visitar al FC Juárez. El escenario: el Estadio Olímpico Benito Juárez. La ocasión: la Jornada 2 del Clausura 2026. El mood: una ilusión temprana que huele a esperanza, pero que todos sabemos lo frágil que es en esta liga.
El Rebaño Sagrado viene de ganar su debut contra el Pachuca, lo que automáticamente activa el modo “¿será este nuestro año?” en cada grupo de WhatsApp de familia. Gabriel Milito y su equipo cruzan el país con una misión clara: sumar otros tres puntos y posicionarse bien desde el arranque. Suena simple, ¿no? Como hacer dieta en enero.
Pero aquí no todo es miel sobre hojuelas. Del otro lado están Los Bravos de Juárez, que también empezaron con el pie derecho ganándole al Mazatlán FC (1-2) de visitantes. O sea, llegaron con actitud. Y ahora juegan en casa, donde suelen ponerse cómodos y hacerle la vida difícil a cualquiera. La motivación está por las nubes en ambos lados. Esto promete más tensión que una reunión familiar cuando se habla de política.
El dato que todos repiten pero nadie sabe qué significa
Ahora, hablemos del fun fact obligatorio que todos los comentaristas van a mencionar hasta el cansancio: el historial. Resulta que las Chivas jamás han perdido un partido de Liga MX en ese estadio de Juárez. Su registro ahí es de cuatro victorias y dos empates en seis visitas. Esa estadística es como ese amigo que siempre dice “en mis tiempos esto era diferente”: está ahí, da cierta confianza, pero no garantiza absolutamente nada para lo que viene.
El Guadalajara se presentará en un inmueble en el que nunca ha perdido un juego de Liga MX.
Claro, tener el historial a favor es un buen punto de partida psicológico. Es como ir a una cita y saber que le gustas a sus amigos. Pero luego tienes que respaldarlo con hechos, con juego, con goles. Y en la cancha, los números del pasado valen lo mismo que un NFT hoy: nada.
Así que esta noche tenemos todos los ingredientes para un buen drama futbolero: un visitante ilusionado y con buen recuerdo del lugar, un local motivado y peligroso en su fortín, y una jornada temprana donde todos quieren marcar territorio. ¿Se repetirá la historia o Juárez escribirá un nuevo capítulo? Más allá del resultado, preparen sus snacks y sus grupos de mensajes, porque esto va más allá de los 90 minutos; es puro material para el lore semanal de la Liga MX.
¿Vas a ver el partido? Comparte tu pronóstico y hagamos más ruido en redes. Si te gusta este mix de fútbol y cultura millennial, hay mucho más contenido donde vino esto.
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Un triunfo frío que no convence a la afición de Rayados
Monterrey vence a Necaxa, pero la victoria deja más dudas que certezas sobre su verdadero nivel en el torneo.
La victoria hueca: Rayados gana, pero no convence
La obligación se cumplió. En el gélido escenario del estadio Victoria, con el aliento del público como único calor, Rayados se impuso por 2-0 a un Necaxa que pareció resignado desde el primer silbatazo. El marcador lo dice todo y, al mismo tiempo, no dice nada. Porque en este arranque del Clausura 2026, Monterrey sumó tres puntos, sí, pero dejó una sensación amarga, un regusto a oportunidad perdida para demostrar algo más.
“Sin embargo, aún no hay motivos para creer que esta versión de Monterrey es la que merece su afición”, es la frase que resuena en los pasillos y en las redes. Es el veredicto implacable.
Fue un partido de dos caras. Una primera mitad eléctrica, donde Germán Berterame (minuto 15) volvió a ser el depredador del área y el joven Iker Fimbres (31′) aprovechó su oportunidad con la hambre de quien quiere un billete al Mundial. Dos golpes rápidos. Dos estocadas que dejaron sin respuesta a los Rayos. Y luego… silencio.
El equipo se echó atrás. No se sabe si por una orden tácita desde el banquillo o por una fatiga prematura. El caso es que los siguientes 45 minutos fueron un trámite gris. Monterrey administró, Necaxa no supo –o no pudo– reaccionar. Un duelo que se apagó cuando apenas comenzaba a arder.
La sombra de los grandes rivales
Aquí está el meollo del asunto, lo que quita el sueño a la afición rayada. Esta es la novena victoria consecutiva de Monterrey sobre Necaxa. Un dominio absoluto, casi psicológico. Pero esa estadística brilla con luz falsa. El torneo pasado ya vimos esta película: triunfos cómodos ante rivales manejables y luego… el desplome ante los candidatos al título.
La derrota en la primera jornada ante uno de esos grandes (el bicampeón vigente) pesa como una losa. Por eso este triunfo no ilusiona. Porque sabe a más de lo mismo. A un equipo que puede resolver lo previsible, pero que se encoge cuando el desafío crece.
Domenec Torrent, el estratega español, insiste en su rompecabezas táctico. Saltaron al campo con seis cambios respecto al último partido. Es su sello: rotación constante, búsqueda incansable de una fórmula mágica que aún no termina de cuajar. Prácticamente no ha repetido alineación en su etapa. ¿Genialidad o indecisión? El tiempo lo dirá.
Ahora, la carretera llama. Visitarán al Mazatlán con la misión clara: sumar una segunda victoria seguida para empezar a borrar la mala imagen del tropiezo inicial.
Mientras, en Aguascalientes, Necaxa, dirigido por Martín Varini, debe levantar la cabeza rápido. Recibirán al Atlas y tendrán la oportunidad de demostrar que aquel contundente triunfo sobre Santos Laguna en la primera fecha no fue un simple espejismo en el desierto.
Al final del día, Rayados suma tres puntos y sube en la tabla. Pero en Monterrey saben que las tablas no se ganan solo con números fríos. Se ganan con carácter, con juego y con victorias que realmente hagan vibrar a una afición exigente. Hoy eso no pasó.
¿Crees que Rayados tiene nivel para pelear por el título o esta victoria solo esconde sus debilidades? Comparte tu análisis y hagamos ruido por nuestro fútbol.




















