El tour sigue, las preguntas también
Peso Pluma está a punto de arrancar su mega gira “Dinastía” por 30 ciudades de Estados Unidos el 1 de marzo. Pero aquí, en las redes, el tema es otro. La conversación se fue por un camino mucho más espinoso que una simple gira.
Todo estalló después de que las autoridades dieran con Nemesio Oseguera, ‘El Mencho’, el líder del Cartel Jalisco Nueva Generación. Y ante ese evento, el silencio del cantante sonó más fuerte que cualquier canción.
La tormenta en los comentarios
Su última publicación en Instagram se llenó rápido. No de emojis de fuego por su nuevo tour, sino de reclamos. La gente quiere saber por qué no dice nada.
“¿Se te murió tu patrón mijo? ¿Le vas a dedicar una rolita al nombre suyo?”
“Muy callado ahorita ¿verdad?”
“De los artistas ‘mexicanos’ que no dicen ni pio con lo ocurrido en Jalisco. Y ya sabemos por qué”.
El coro es claro: piden que se deje de consumir su música. Argumentan que fortalece una cultura que idealiza un mundo problemático.
“Por favor México, unirnos todos y dejar de consumir música, entretenimiento y figuras públicas que enaltece la narcocultura”.
Y no solo es él. Hasta Adidas, que lo tiene como figura promocional, recibió palos por asociarse con un artista cuyas letras rozan estos temas.
¿Dónde queda el arte en todo esto?
Este es el eterno debate con los corridos tumbados. Hassan Emilio Kabande (su nombre real) ha dicho que sus canciones son parte de una tradición narrativa. Que no son posturas personales, sino historias propias del género.
Es cierto: no todas sus canciones son explícitamente sobre ese mundo. Algunas son más aspiracionales, sobre lujo y poder. Pero temas como “El Belicón”, “Siemple Pendientes” o “PRC” tienen referencias directas a figuras como ‘El Mayo’ Zambada o al Cártel de Sinaloa.
La pregunta del millón: ¿hasta qué punto el artista es responsable del mensaje? ¿O solo está contando historias, como lo ha hecho el corrido mexicano por décadas?
Mientras la discusión hierve en línea, su equipo anuncia un espectáculo “nuevo y audaz” para Estados Unidos. Una producción enorme con apariciones especiales. La vida sigue, la gira también.
Pero aquí queda la sensación incómoda. La de un espejo social que refleja algo que muchos no quieren ver. Y un artista en el centro, navegando entre la tradición musical y las expectativas de un público dividido.




