Un día oficial para el Conejo Malo
Justo antes de que Bad Bunny subiera al escenario del Super Bowl, el gobernador Gavin Newsom soltó la bomba. Declaró el 8 de febrero como “Día de Bad Bunny” en todo California. ¿La razón? Celebrar la histórica presentación del puertorriqueño en el medio tiempo del partido final.
Newsom no se anduvo con rodeos. En sus redes, alabó la música, la voz y el impacto cultural del artista. Pero también metió un poco de picardía política, con ese estilo suyo de escribir en mayúsculas que todos reconocen.
“Como mucha gente sabe, soy un gran amante del español. Es un idioma precioso hablado por mucha gente preciosa en el gran estado de California… Por eso declaro mañana en California como el Día de Bad Bunny”,
dijo Newsom. Y cerró con un “¡FELIZ DÍA DE BAD BUNNY, AMÉRICA! ¡DISFRUTENLO!” que sonó a mitad celebración, mitad declaración de principios.
Reacciones: entre el orgullo y el escepticismo
Las redes explotaron. Para muchos en la comunidad latina, fue un momento de enorme orgullo. Ver a uno de los nuestros siendo reconocido así en un evento masivo… eso pesa.
Pero claro, esto es internet. Y la polémica llegó rápido. Muchos vieron el gesto como una movida política calculada, una forma de congraciarse con el electorado latino de cara a futuras elecciones.
Los comentarios fluyeron sin filtro:
“No tenía ‘El gobernador Newsom declarando un día para Bad Bunny mientras se autodenomina el hombre más atractivo’ en mi tarjeta de bingo de 2026, pero aquí estamos”,
bromeó un usuario, capturando lo absurdo y glorioso del momento.
Otros fueron más directos:
“Esto se siente más como una movida política para ganar simpatía que como un premio al talento”.
Pero entre el ruido, también hubo voces que celebraron lo simbólico:
“Ya sea que te guste la música o el espectáculo, celebrar la cultura y el talento siempre es un triunfo”.
Al final, más allá de si fue estrategia o genuino aprecio, algo quedó claro: Bad Bunny ya no es solo un fenómeno musical. Es un símbolo cultural con peso político. Y su show en el Super Bowl fue solo la cereza del pastel de un día que, oficialmente ahora, lleva su nombre.




