El día que el costado de Springer le jugó una mala pasada a Toronto
En un giro que nadie, excepto quizá un adivino o el propio destino con un peculiar sentido del humor, vio venir, George Springer fue amablemente invitado a tomar asiento en el banquillo para el cuarto y crucial juego de la Serie Mundial. ¿La razón? Un inoportuno dolor en el costado derecho que decidió aparecer justo en medio de un swing, porque ¿qué mejor momento para una lesión que el clímax de la temporada?
El mánager John Schneider, demostrando una capacidad de planificación que haría palidecer a un estratega militar, confesó tener dos alineaciones preparadas: una con Springer y otra sin él. Una decisión tan compleja como preguntarle a alguien si prefiere café o té, pero con la pequeña diferencia de que esto implica a un jugador estelar en la Serie Mundial. Con una opacidad digna de una agencia de espionaje, Schneider se negó a revelar los resultados de la resonancia magnética, dejando a todos con la intriga de si se trataba de un desgarro o simplemente de un profundo deseo de no enfrentarse again a los abucheos de Los Ángeles.
“Simplemente está tratando de moverse y hacer swings. Creo que el swing será la clave para determinar si está listo o no”, declaró Schneider con una perla de sabiduría comparable a afirmar que “mojarse es clave para determinar si ha caído en una piscina”. Agregó que Springer, en un arrebato de dedicación, fue el primero en llegar y recibió “mucho tratamiento”. Porque nada cura una lesión en un costado como una buena dosis de… bueno, de secretismo absoluto.
El relevo inesperado y la ventaja dorada de Los Ángeles
Ante la ausencia del experimentado jardinero, el rol de bateador designado recayó en Bo Bichette, quien hasta hace poco tenía una relación tan estrecha con el campo como un ermitaño con la vida social. Bichette, con una movilidad limitada por un esguince en la rodilla, fue la opción elegida. Porque, claramente, cuando te falta un jugador clave, lo lógico es reemplazarlo con alguien que también está en el proceso de recordar cómo se doblan las piernas sin dolor. Mientras, Isiah Kiner-Falefa apareció en la segunda base, completando un rompecabezas defensivo que parecía más un experimento táctico que una alineación convencional.
Mientras Toronto improvisaba, los Dodgers de Los Ángeles disfrutaban de su ventaja de 2-1 en la serie, obtenida tras una victoria épica de 6-5 el lunes, decidida por un jonrón de Freddie Freeman en la 18ª entrada. Porque, ¿qué es el béisbol de postemporada sin un poco de drama extra, un desgaste físico extremo y la sensación de que el estadio podría convertirse en el hogar permanente de algunos jugadores?
La lesión, los abucheos y un fantasma llamado 2017
La lesión de Springer ocurrió en la séptima entrada del tercer juego, cuando falló un sinker de Justin Wrobleski. El dolor fue tan convincente que lo obligó a abandonar el partido, demostrando una vez más que el cuerpo humano tiene un timing para las lesiones que rivaliza con el de un comediante de stand-up. Para colmo, su desempeño hasta ese momento no era exactamente para enmarcar: cero hits y dos ponches en tres turnos al bate.
Pero el verdadero espectáculo no fue en el diamante, sino en las gradas del Dodger Stadium, donde los aficionados locales recibieron a Springer con una sinfonía de abucheos antes de cada turno. Y es que la memoria colectiva en el béisbol es más larga que la lista de quejas de un fanático en redes sociales. Los seguidores de los Dodgers no han olvidado, ni olvidarán jamás, que Springer fue el Jugador Más Valioso de la Serie Mundial de 2017 con los Astros de Houston, el equipo que les arrebató el título en siete juegos en una serie que luego fue empañada por el escándalo de robo de señales. Así que, naturalmente, cada vez que Springer se acerca al plato, recibe un cariñoso recordatorio sonoro de ese “pequeño malentendido”.
Springer llegaba a este partido con 14 hits en 57 turnos en la postemporada, incluyendo cuatro jonrones. Su jonrón de tres carreras en el séptimo juego de la Serie de Campeonato de la Liga Americana fue fundamental para que los Azulejos eliminaran a los Marineros de Seattle y avanzaran a su primera Serie Mundial desde 1993. Irónicamente, en esa misma serie de campeonato, fue golpeado en la rótula derecha por un lanzamiento de 96 mph de Bryan Woo, lo que ya lo había obligado a salir de un partido. Porque, al parecer, la postemporada de Springer no estaría completa sin un buen golpe o una lesión pintoresca que añada un poco de drama adicional.
¿Fue esta exclusión una jugada maestra de precaución o un acto de desesperación táctico? Solo el tiempo, y quizá los resultados de esa resonancia magnética que Schneider guarda como un secreto de estado, lo dirán.
¿Crees que esta baja fue decisiva? Comparte esta tragicómica jugada del destino en tus redes sociales y descubre más análisis sobre los momentos más absurdos del deporte.



