La Transformación Llega al Paraíso: Un Cuento de Dos Méxicos
Ahí estaba, bajo el sol de La Paz, la presidenta Claudia Sheinbaum ejerciendo una de las actividades favoritas de cualquier gobierno: la autocomplacencia disfrazada de rendición de cuentas. Con el estadio Arturo C. Nahl como testigo, la mandataria se lanzó a pintar un cuadro de la historia reciente de México con solo dos colores: el negro absoluto de un modelo neoliberal voraz y el blanco purísimo de la Cuarta Transformación. Porque, ¿qué mejor manera de destacar tus logros que comparándolos con un pasado que describes como un páramo desolado?
Foto:Redes Sociales.
Con la solemnidad de quien anuncia el descubrimiento de la penicilina, Sheinbaum declaró que, en solo seis años, su movimiento logró el éxodo milagroso de 13.5 millones de mexicanos fuera de las garras de la pobreza. Una hazaña, sin duda. Uno casi puede imaginar a estas 13.5 millones de personas cruzando un mar de dificultades económicas hacia la tierra prometida de la bonanza morenista. “Fue una hazaña y tenemos que trabajar todos los días para que no haya una sola familia mexicana en la pobreza“, enfatizó, estableciendo un listón tan alto que, irónicamente, justifica el trabajo eterno del mismo gobierno. Eso sí, se aseguró de dejar claro que, gracias a su gestión, ya estamos en “el nivel más bajo de familias en la pobreza de toda la historia de México“. ¿Y el anterior récord lo tenía Porfirio Díaz? Pregunta retórica, claro.
Del País de la Desigualdad al Oasis de la Equidad (Según el Discurso Oficial)
Pero el número estrella de la función no fue ese. La verdadera joya de la corona retórica fue la afirmación de que México pasó de ser “el país más desigual del mundo” en 2012 —culpando, cómo no, al “espurio” gobierno de Felipe Calderón— a convertirse en “el segundo país menos desigual de todo el continente americano“. Un salto tan espectacular que haría sonrojar a cualquier medallista olímpico. ¿Cómo se mide exactamente eso? ¿Quién lleva la contabilidad de la desigualdad continental? Misterios que, al parecer, no requieren mayor explicación cuando se tiene un discurso que dar.
La narrativa, por supuesto, necesita un villano. Y este no podía ser otro que el “modelo neoliberal“, ese ente abstracto y malvado al que se le atribuyen 36 años de penuria nacional. Según la visión oficial, este modelo no solo generó pobreza y desigualdad, sino que también se dedicó con fruición a privatizar empresas públicas y vender “empresas estratégicas” como si fuera un remate de garage. Frente a esta época oscura, la 4T se erige como el amanecer: “llegó una nueva era… ahora somos gobierno del pueblo y para el pueblo de México“. Porque, como todo el mundo sabe, antes los gobiernos eran para los marcianos.
Entre las pruebas de este nuevo paraíso terrenal, Sheinbaum citó el aumento del salario mínimo en un 135 por ciento y la recuperación de la capacidad de hacer obra pública con beneficio social. “Somos gobiernos de principios, de causas y nuestra máxima es por el bien de todos primero los pobres“, declaró. Un eslogan tan pegajoso que casi hace olvidar preguntar por los detalles de ejecución. Y no podía faltar la mención a la Reforma Judicial, esa que permite elegir a jueces y magistrados por voto popular. Porque, ¿qué podría salir mal al politizar aún más la justicia? Es una apuesta audaz, sin duda.
La Lluvia de Proyectos: O cómo Sembrar Promesas en Tierra Sedienta
La parte práctica del discurso, la que debería interesar a los residentes de Baja California Sur, llegó con el repaso de proyectos. Sheinbaum, en un acto de memoria prodigiosa, “reiteró el anuncio que hizo hace cuatro meses“. Sí, leyeron bien: no anunció cosas nuevas, sino que recordó a los sudcalifornianos lo que ya les había prometido. Entre lo prometido/promocionado destacan la entrega de camiones urbanos para La Paz y la construcción de una planta potabilizadora. Para Los Cabos, una segunda planta desaladora; para Loreto, plantas de tratamiento; y para todos los municipios, 95 acciones de agua potable. Porque en el paraíso también hay sed.
En el capítulo de salud, la promesa son “nuevos hospitales” —una mención tan vaga como esperanzadora—. Y en vivienda, el programa de vivienda accesible contempla la cifra redonda y bonita de 55 mil acciones. Como broche de oro, anunció que 50 mil familias ya se beneficiaron de la “reducción de créditos impagables del Infonavit“. Un alivio para esos sudcalifornianos que, uno supone, contrajeron esas deudas durante los nefastos 36 años del neoliberalismo, nunca durante la actual administración.
En resumen, el evento en Baja California Sur fue un ejercicio magistral de contraste: un pasado tenebroso versus un presente glorioso, todo sazonado con una lista de proyectos que, ojalá, algún día dejen de ser anuncios y se conviertan en realidades tangibles para la población. Mientras tanto, la gira de rendición de cuentas sigue su curso, llevando el mensaje de la transformación a cada rincón del país, siempre con la misma fórmula infalible: criticar lo anterior para enaltecer lo presente.
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