La costosa pasión de Pemex por hacerlo “en casa”
Ah, la autosuficiencia energética. Un sueño tan loable como, al parecer, absurdamente caro. Resulta que para la joya de la corona, Petróleos Mexicanos, el acto de producir gasolina tiene el mismo sentido económico que comprar una botella de agua en un concierto: sabes que te están viendo la cara, pero la sed (o en este caso, la narrativa) puede más. En el mes de noviembre de 2025, fabricar un barril de combustible en el Sistema Nacional de Refinación le costó a la empresa 103.8 dólares. Mientras tanto, el mismo barril, pero con un bonito sello de “Hecho en el extranjero”, podía importarse por la módica cantidad de 86 dólares. Una ganga, ¿no? Solo un sobrecosto del 20.7% por el privilegio de decir “hecho en México”. Un detalle menor, seguramente.
Lo más gracioso (si por gracioso entendemos tragicómico) es que este diferencial no es un accidente nuevo. Lleva años instalado, rondando históricamente el 10%. Pero aquí viene la parte genial: la brecha se ha ampliado incluso con la puesta en marcha de la flamante refinería Olmeca y las operaciones en Dos Bocas. Uno pensaría que infraestructura nueva y moderna ayudaría a cerrar la brecha, pero al parecer en el mundo al revés de Pemex, más refinerías significan… ¡más oportunidades de perder dinero por barril! Una estrategia financiera audaz, sin duda.
¿Por qué sale tan caro? La magia de la ineficiencia
Los expertos, esos aguafiestas que siempre con datos arruinan una buena historia, señalan algunos “pequeños” detalles. La mayoría del parque refinador mexicano tiene más arrugas que un mapa del metro en hora pico y opera con la eficiencia de un coche de caballos en una pista de Fórmula 1. Generan pérdidas en lugar de ganancias, un concepto empresarial revolucionario. Luis Miguel Labardini, especialista en energía, añade otro ingrediente a este cóctel de ineficacia: las refinerías procesan crudo pesado, que es como intentar hacer café fin con granos molidos para olla exprés. Necesitarían crudo ligero importado para funcionar bien, lo que añade otra capa de ironía: para ser autosuficientes en gasolina, necesitan importar más materia prima. La cereza del pastel es que el margen en refinación es risible comparado con el de simplemente extraer el crudo y venderlo. Pero, ¿quién quiere ganar dinero fácil cuando puedes complicarte la vida?
Y claro, este festival de costos no se queda en los balances contables. El impacto termina, como siempre, en los bolsillos de los consumidores. Una parte de ese sobrecosto se traslada al precio final en la bomba. El gobierno, en un acto de malabarismo, ha intervenido con acuerdos para que el golpe no sea tan visible, haciendo que Pemex absorba costos logísticos y de almacenamiento. Es decir, la empresa deficitaria asume más gastos para que el ciudadano no sienta todo el peso del descalabro. Una solución tan sostenible como un castillo de naipes en un huracán.
Para quienes crean que esto es una anécdota, los números gritan. Entre enero y septiembre de 2025, Pemex acumuló pérdidas netas por 45 mil millones de pesos y mantiene una deuda monstruosa de 130 mil millones de dólares. Los analistas son claros: el talón de Aquiles, el agujero negro que devora el efectivo, es precisamente la refinación. A pesar de los continuos apoyos federales (léase: inyecciones de dinero que el público nunca verá de vuelta), la división de refinación se mantiene firme en su misión de impedir que la empresa genere liquidez. Un compromiso inquebrantable con el déficit.
¿La moraleja? A veces, el orgullo nacional tiene un precio de 21% sobre el valor de mercado. Y ese precio, de una forma u otra, lo terminamos pagando todos. ¿No es para reír? Bueno, más bien para llorar, pero con sarcasmo.
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