Por fin, un observatorio para lo que todos veíamos venir
En un acto que, sin duda, resolverá todos los problemas de la humanidad (o al menos los de la mitad de ella), las autoridades electorales e instituciones han inaugurado el Observatorio de Participación Política de las Mujeres. ¿Era necesario? Bueno, si consideramos que la paridad en política ha avanzado a la velocidad de un caracol con resaca, quizá sí. Presidido por la consejera presidenta del INE, Guadalupe Taddei, este nuevo organismo se ha propuesto la titánica tarea de analizar y vigilar los avances en paridad y el ejercicio de las mujeres en cargos de elección popular. Algo así como ponerle un chip de rastreo a la igualdad de género en la política mexicana.
La consejera Taddei, con un optimismo que muchos envidiarían, destacó que este observatorio será un espacio para fortalecer la paridad en candidaturas y cargos. Porque, claro, ¿qué puede salir mal cuando un grupo de personas se sienta a “generar información confiable”? Su misión también incluye visibilizar y crear mecanismos para eliminar la violencia política contra las mujeres, garantizando su participación digna e igualitaria. Una idea maravillosa, si logramos que los agresores entiendan los memos oficiales.
Porque la vulnerabilidad también tiene sus categorías
En un giro que nadie vio venir, Taddei señaló que se deben garantizar condiciones de participación especialmente para mujeres vulnerables, incluyendo indígenas, afromexicanas, discapacitadas, de la diversidad sexual y de género, y de zonas rurales. Porque la desigualdad, al parecer, también tiene sus propias subclasificaciones. Pero el verdadero protagonista del siglo XXI hizo su aparición estelar: la violencia digital. La consejera alertó sobre su crecimiento, esa maravillosa herramienta que limita la participación y genera un entorno hostil en espacios digitales. Porque los ataques misóginos ya no solo son en los mítines, ahora llegan por inbox, con total comodidad desde el sofá.
Mientras tanto, el presidente del Tribunal Electoral, Gilberto Bátiz, subrayó la necesidad de estudios que identifiquen las causas de renuncia de las mujeres a cargos electos. ¿Será el acoso, la presión desmedida o quizá la alegría de ser constantemente cuestionadas? Bátiz presentó cinco compromisos del TEPJF, que incluyen defender la paridad y garantizar tutela frente a la violencia política. Cinco compromisos que, esperemos, no se queden en el limbo de las buenas intenciones como tantos otros.
Para cerrar este festival de buenas voluntades, Susana Ángeles, de la Secretaría de las Mujeres, destacó que el acompañamiento debe continuar durante el ejercicio del cargo. Porque ganar la elección es solo el primer obstáculo en este maratón de obstáculos. Y, en un momento de lucidez estadística, reconoció que persiste un reto de paridad a nivel local, ya que menos del 30% de las presidencias municipales son ocupadas por mujeres. Un dato que nos recuerda que, mientras en lo federal hacemos cohetes, en lo local seguimos arrastrándonos.
Así que aquí estamos, con un observatorio nuevo en escena, listo para observar, analizar y vigilar. ¿Logrará cambiar las cosas o se convertirá en otro depósito de informes que nadie lee? Solo el tiempo, y la voluntad política real, lo dirán. Mientras tanto, las mujeres en política seguirán navegando entre la esperanza y la hostilidad, con la fe puesta en que esta vez sí funcione.
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