Un final poco “justiciable” para un juez polémico
Parece que la vida le cobró factura a Everardo Maya Arias, el juez tercero de distrito en materia de amparo del Estado de México, quien fue encontrado más tieso que su propia toga dentro de una camioneta abandonada cerca de un panteón en Zinacantepec. ¿Ironía? Quizá. ¿Coincidencia? Difícil creerlo. El magistrado, conocido por sus fallos tan controversiales como un reality show, tenía un agujero en la cabeza y un arma al lado, porque nada dice “suicidio” como un juez vinculado a narcos y políticos apareciendo muerto en un lugar solitario. ¿Alguien más huele trama de Netflix aquí?
De amparos a balazos: una carrera judicial de película
Maya Arias no era cualquier juez. Este señor de 53 años, recién retirado (convenientemente), se había ganado el cariño de… bueno, de nadie, en realidad. Entre sus “logros” destacan:
- Proteger de la prisión preventiva a José Luis Abarca, el exalcalde de Iguala vinculado a la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa (porque, claro, ¿qué podría salir mal?).
- Otorgar una suspensión definitiva a Ovidio Guzmán López, alias “El Ratón”, porque aparentemente el hijo de El Chapo merecía un trato especial (¿amparo o amiguismo?).
No sorprende que el difunto juez fuera el favorito de las mañaneras de AMLO, quien lo usaba como ejemplo de lo “podrido” del Poder Judicial. Y ahora, mira tú, aparece muerto. ¿Autocritica judicial? ¿Ajuste de cuentas? ¿O simplemente un mal día en la oficina?
El escenario: un crimen (o no crimen) digno de CSI
La Fiscalía del Estado de México, en su tradicional estilo misterioso, no ha dicho mucho, pero la escena era digna de una mala novela policiaca:
- Una camioneta Volkswagen blanca, abandonada en un camino de terracería (porque los crímenes importantes siempre pasan en lugares sin asfaltar).
- Un arma al lado del cuerpo (por si alguien dudaba de que un juez con enemigos poderosos pudiera “suicidarse”).
- Cero testigos, cero cámaras, cero explicaciones (como en los buenos finales de temporada).
Mientras los peritos recogen más preguntas que pruebas, la FGJEM abrió una carpeta de investigación. ¿Llegaremos a saber la verdad? Lo dudo. Pero si hay algo seguro, es que este caso tiene más giros que una telenovela de las 9.
¿Moraleja? En México, ser juez de amparo es más peligroso que ser narco. Al menos los segundos suelen tener escolta.
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