De perseguir delincuentes a tomar el té con la realeza: la nueva vida de Gertz Manero
Parece que la justicia mexicana era solo un escalón en la brillante carrera diplomática que nadie, excepto quizás él mismo, sabía que estaba construyendo. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, en un arranque de transparencia que seguramente dejó a más de uno con la boca abierta, anunció que Alejandro Gertz Manero, el recién desocupante titular de la Fiscalía General de la República (FGR), está a un trámite de convertirse en el nuevo embajador de México en el Reino Unido. Todo esto, claro, después de que el gobierno de Su Majestad extendiera el beneplácito, porque no vaya a ser que mandemos a alguien no grato a tomar crumpets a las cinco.
Sheinbaum, con la naturalidad de quien revela el menú del día, soltó la noticia: “Lo puedo ya decir porque ya fue aprobado el beneplácito, va a Gran Bretaña, sí, Inglaterra”. Por si alguien tenía dudas geográficas. La mandataria confirmó que el nombramiento ya tiene la venia del país receptor, aunque todavía falta que los senadores mexicanos levanten la mano a favor. Un mero detalle constitucional, una formalidad entre amigos, ¿no?
El Senado: el último obstáculo antes del palacio
Así es, la designación diplomática debe pasar por el filtro del Senado de la República. Un trámite legislativo que, estoy seguro, será tan ágil y carente de polémica como un debate sobre el agua mojada. La Presidenta destacó que será la Cámara alta quien tenga la última palabra para que el exfiscal pueda cambiar definitivamente los expedientes judiciales por las notas diplomáticas y asuma la representación de México en Londres. ¿Alguien apuesta a que habrá preguntas incómodas sobre su gestión? No, tampoco yo.
El contexto, como siempre, es lo más sabroso. Resulta que la embajada en tierras británicas está actualmente en manos de Josefa González Blanco Ortiz, exsecretaria de Medio Ambiente que pasó a la historia (y a la diplomacia) por aquel épico incidente de 2019 cuando un vuelo comercial fue retrasado por su tardanza. Una trayectoria marcada por la puntualidad británica, sin duda. Parece que el criterio para ocupar esa sede es tener un currículum que genere… ¿conversación?
En fin, Gertz Manero se prepara para intercambiar las acusaciones por las acreditaciones. Uno se pregunta si extrañará los juzgados o si, por el contrario, encontrará en la lluviosa Londres el clima perfecto para olvidar ciertos casos pendientes. Su misión será representar los intereses de México ante la corona británica, una tarea que seguramente requerirá tanto tacto como el que se necesita para no mencionar ciertos temas en la cena. Es un giro profesional digno de una novela de espías, donde el agente es reasignado a un puesto lejano y tranquilo. Puramente coincidencia.
¿Qué aprenderemos de esto? Que en la política exterior mexicana, la experiencia como fiscal general es, aparentemente, la preparación ideal para tratar con el protocolo de la realeza y los asuntos bilaterales. O quizá es solo un movimiento magistral para alejar a ciertas figuras de los focos nacionales, enviándolas a un lugar donde la niebla lo cubre todo. El tiempo, y las votaciones del Senado, lo dirán. Mientras tanto, habrá que desearle suerte al nuevo embajador. Al menos ya tiene práctica en lidiar con dramas complejos.
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