La guerra que nunca termina (pero siempre hay un “pronto”)
Ah, Gaza, ese rincón del mundo donde la paz es como un unicornio: todos hablan de ella, pero nadie la ha visto. Esta vez, los ataques israelíes decidieron que 72 vidas eran prescindibles en menos de 24 horas, porque ¿quién necesita sueños reparadores cuando puedes tener pesadillas en vivo y en directo? Entre los fallecidos, tres niños y sus padres, porque nada dice “estrategia militar” como bombardear una tienda de campaña donde duermen civiles. La abuela de los pequeños, Suad Abu Teima, preguntó con toda la ironía que el destino le negó: “¿Qué hicieron estos niños para merecer esto?”. Buena pregunta, Suad. Quizá el crimen fue nacer en el lugar equivocado en el siglo equivocado.
¿Alto el fuego? Sí, pero no
Mientras tanto, en el capítulo “Promesas vacías de la semana”, el presidente estadounidense Donald Trump anunció que un acuerdo de alto el fuego podría llegar… en algún momento de la próxima semana. ¡Qué conveniente! Justo después de que Israel terminara su ronda de bombardeos express. Por su parte, el ministro israelí Ron Dermer volará a Washington para hablar de paz, porque nada fomenta la tranquilidad como un viaje diplomático entre explosiones. Las conversaciones indirectas entre Israel y Hamás siguen siendo tan útiles como un paraguas en un huracán: desde marzo, el único “alto el fuego” ha sido el de los misiles que se recargan.
Y hablando de recargas, el Ministerio de Salud de Gaza informa que más de 6,000 palestinos han muerto desde el último “cese de hostilidades”. Israel, como buen alumno de la clase “Guerra y Retórica”, insiste en que solo ataca a milicianos. Claro, y los niños en Muwasi eran claramente comandantes de Hamás disfrazados de pijamas.
Hambre, balas y una pizca de esperanza (pero muy poca)
Para añadir drama a esta tragicomedia, los palestinos no solo esquivan misiles, sino también el hambre. Israel, en un gesto de “generosidad”, permitió un goteo de ayuda humanitaria después de bloquear la comida durante meses. ¿El resultado? Más de 500 muertos por disparos mientras hacían cola para comer. Las tropas israelíes juran que solo disparan al aire, aunque los cadáveres en el corredor de Netzarim sugieren que alguien apunta muy mal.
Mientras tanto, Hamás dice que liberará rehenes si termina la guerra, e Israel exige su rendición. Un diálogo de sordos donde el único lenguaje común es la destrucción.
¿Moraleja? En Gaza, la muerte es democrática: no discrimina por edad, género o profesión. Y la paz siempre está a la vuelta de la esquina… una esquina que, curiosamente, nunca se alcanza.
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