El caos aéreo que nadie quiere resolver
Los pronósticos son claros: para 2030, el flujo de pasajeros en el Valle de México será insostenible. Y mientras tanto, nuestros tres aeropuertos funcionan como islas desconectadas. El AICM lo opera Marina, el AIFA lo maneja Defensa, y Toluca… bueno, a Toluca casi lo tienen en coma.
¿La solución? Los expertos la gritan desde hace años: integración real. Pero parece que nadie en el poder quiere escuchar.
Tres medidas urgentes (que probablemente ignorarán)
Juan Carlos Machorro, especialista en infraestructura, fue directo al grano durante un conversatorio del Centro Espinosa Yglesias. Primero: devolverle al AICM su capacidad de 61 vuelos por hora. La reducción a 44 no tiene justificación técnica alguna.
“No hay ningún estudio de peso o argumentos torales que justifiquen la reducción”, señaló Machorro.
Segundo: que el cobro de la Tarifa de Uso Aeroportuario (TUA) regrese al AICM para mantenimiento. Actualmente ese dinero -el 65% de sus ingresos- se desvía para pagar… los bonos del cancelado aeropuerto de Texcoco.
Tercero: reactivar Toluca. José Serur, experto aeronáutico, reveló el dato escandaloso:
“El aeropuerto de Toluca opera al 30% de su capacidad porque no le autorizan más slots”.
Y sobre el famoso Tren Suburbano al AIFA, Serur fue brutalmente honesto tras su propia experiencia:
“El tren que hace 40 minutos no va a ser un milagro. Yo utilicé el AIFA, se canceló mi vuelo a Mérida y no supe qué hacer”.
La sombra de Texcoco que no se va
Mientras tanto, Roberto Kobeh, ex presidente de la OACI, lanzó la bomba que todos esperaban: la única solución real sería retomar Texcoco. Donde tres pistas podrían operar simultáneamente sin los obstáculos actuales.
“Yo no veo otra alternativa que Texcoco si queremos aprovechar las ventajas de la aviación”, afirmó.
Pero claro, eso requeriría algo que este gobierno parece considerar pecado capital: estudios técnicos serios. Sobre capacidades combinadas, sobre operaciones por hora, sobre… bueno, sobre realidad.
Mientras tanto, seguiremos viendo cómo tres aeropuertos funcionan peor que uno solo. Y los pasajeros pagando los platos rotos de una planeación que nunca existió.




