El director mexicano volvió a sus raíces (y a la cocina) en el festival
Guillermo del Toro no hace las cosas a medias. Treinta y dos años después de que su ópera prima “Cronos” debutara en Sundance, regresó al festival para una proyección especial de la película restaurada en 4K. Pero la verdadera función empezó después.
Netflix organizó una fiesta privada en su honor. Y ahí, entre invitados como Elijah Wood y los directores de Everything Everywhere All At Once (The Daniels), Del Toro decidió que él sería el catering.
Sí, leyeron bien. El ganador del Oscar se puso el delantal y preparó tacos y tortillas para todos. Porque ¿qué es una celebración mexicana sin buena comida?
Pero el momento que rompió internet (o al menos, los grupos de WhatsApp) fue el siguiente. Un mariachi apareció, y Del Toro no pudo resistirse.
Se subió al micrófono y cantó clásicos como “La Bamba”, “México Lindo y Querido” y “Canción Mixteca”, evocando a gigantes como Jorge Negrete y Vicente Fernández.
La ovación fue instantánea. En un festival lleno de networking calculado, la autenticidad pura de Del Toro robó el espectáculo.
Nostalgia, tacos y un monstruo que viene fuerte
Todo esto ocurre mientras el director promociona su tan esperada versión de “Frankenstein”, que se reestrena en México pronto. La película llega con nueve nominaciones al Oscar 2026 a cuestas.
Su regreso a Sundance cerró un círculo perfecto: desde el debut indie de “Cronos” hasta convertirse en un ícono que puede cantar rancheras entre nominaciones al Oscar. Y hacer los tacos él mismo.
Es la clase de historia que solo le pasa a Del Toro. Y por eso lo queremos.




