El caso Wedding: una captura con dos relatos
Ryan James Wedding ya está en custodia estadounidense. El exsnowboarder olímpico, convertido en uno de los diez fugitivos más buscados por el FBI, fue trasladado desde la Ciudad de México. La operación fue conjunta, dicen ambos gobiernos. Pero ahí empiezan las pequeñas diferencias.
Para las autoridades de EE.UU., fue un operativo de alto riesgo. El director del FBI, Kash Patel, lo celebró como una gran acción conjunta. Agradeció al gobierno mexicano, a la presidenta Sheinbaum y al secretario Harfuch.
“Un tremendo agradecimiento al gobierno de México… trabajando codo a codo con nuestros equipos en el terreno para detener anoche en la Ciudad de México a Ryan Wedding”, dijo Patel.
Lo describió como la captura del “sexto fugitivo más buscado del FBI detenido en el último año”. Incluso Vanity Fair recogió sus declaraciones sobre una misión “compleja y de alto riesgo, con cero márgenes de error”.
¿Entrega voluntaria o operativo especial?
Aquí viene el giro. Desde México, el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, pintó otro cuadro. Según su versión, Wedding se entregó voluntariamente en la Embajada de Estados Unidos.
Fue resultado de reuniones y coordinación diplomática, insistió. Un proceso dentro de los acuerdos bilaterales, con “pleno respeto a la soberanía”. Nada de comandos entrando por la ventana.
¿Dos países, dos narrativas? Parece que sí. Washington enfatiza la acción policial espectacular. Ciudad de México subraya la cooperación institucional tranquila.
Mientras tanto, Wedding enfrenta cargos graves: tráfico internacional de cocaína con el Cártel de Sinaloa y ordenar un asesinato. Su precio era alto: 15 millones de dólares de recompensa.
La cooperación existe, eso es claro. Pero cada quien cuenta la historia como le conviene. Al final, el fugitivo está detenido. Las versiones sobre cómo llegó ahí… bueno, esa es otra historia.




