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El censo sanitario que convirtió a 20 mil enfermeros en detectives de medicinas

Un ejército de 20 mil enfermeros invade hogares mexicanos en nombre de la salud, mientras las cifras bailan entre estadísticas y buenas intenciones.

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La épica (y burocrática) cruzada de las visitas domiciliarias

Ah, el Día Internacional de la Enfermería. Ese momento del año en que los políticos recuerdan que existen personas que hacen el trabajo real en el sistema de salud. La presidenta Claudia Sheinbaum, en un arrebato de entusiasmo estadístico, anunció con bombo y platillo que su programa Salud Casa por Casa ya ha invadido—perdón, visitado—a 8.5 millones de adultos mayores y personas con discapacidad. ¿Cómo lo lograron? Simple: con la delicadeza de un elefante en una tienda de porcelana y el ritmo de un caracol con sueño. Media hora por casa, a veces una hora, porque claro, ¿quién podría resistirse a una encuesta gubernamental entre el té y los recuerdos de juventud?

Y no contentos con recolectar datos como si fueran Pokémon (“¡Gotta catch ‘em all!”), el personal sanitario ahora también juega a ser médicos, psicólogos y repartidores de recetas. Las Farmacias del Bienestar—que suenan tan idílicas como una aldea de Heidi—prometen surtir medicamentos, aunque todavía no sabemos si incluirán una máquina de burocracia para trámites adicionales. Por supuesto, si el abuelito tiene un problema mental, lo remitirán a un especialista… siempre y cuando el teléfono del centro de salud no esté ocupado con llamadas de otros 8.5 millones de personas.

Los números que (quizá) importan

El secretario de Salud, David Kershenobich (nombre que parece sacado de un tratado médico del siglo XIX), presumió la contratación de 20 mil enfermeros para esta misión. ¿20 mil? Suena a ejército, pero en realidad es como si cada uno tuviera que visitar 425 casas. ¡Ánimo, soldados de la jeringa! Mientras tanto, la secretaria de Bienestar, Ariadna Montiel, nos deleitó con una clasificación de beneficiarios que parece sacada de un juego de rol: desde los “sanos y felices” (35%) hasta los “dependientes totales” (1.4%). ¿Premio al grupo más numeroso? Una palmadita en la espalda y la promesa de que alguien, en algún momento, les hará seguimiento.

Y no podía faltar el acto de entrega de reconocimientos, porque ¿qué sería de un gobierno sin su dosis anual de medallitas y fotos para el archivo? Las enfermeras galardonadas—Juana, Yolanda y Sandra—recibieron sus diplomas entre aplausos, mientras los titulares de las instituciones competían por quién tenía más personal bajo su mando. El IMSS: 121 mil enfermeros. El ISSSTE: 32 mil. ¿Y el premio al discurso más cursi? Para el director del IMSS Bienestar, que declaró que sus enfermeros son “la columna vertebral y el corazón” de la institución. Qué bonito. Ojalá también les paguen como si fueran órganos vitales.

¿La meta final? Encuestar a 13.7 millones de personas. Por ahora van al 62.3%. Es decir, si mantienen el ritmo, para cuando terminen, algunos de esos adultos mayores ya habrán alcanzado la inmortalidad… o al menos eso esperamos.

¿Te gustó esta joya de la administración pública? Compártela en redes y únete al debate: ¿visita médica o censo disfrazado? Y si quieres más dosis de realidad con un toque de sarcasmo, ¡explora nuestro contenido!

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Trump dice que seguirá en contacto con Machado

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este viernes que planea mantener el contacto con la líder opositora venezolana, María Corina Machado.

Tras su encuentro del jueves en la Casa Blanca, Trump declaró que se trata de una mujer a la que “respeta mucho”. En esa reunión, Machado señaló que le transmitió al mandatario estadounidense que “hoy más del 90% de los venezolanos queremos lo mismo: vivir con libertad, dignidad y justicia”.

Los detalles del encuentro entre Trump y Machado

“Fue un gran honor para mí conocer a María Corina Machado, de Venezuela”, escribió Trump en una publicación en Truth Social. “María me presentó su Premio Nobel de la Paz por el trabajo que he realizado. Un gesto maravilloso de respeto mutuo”.

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Un triste hallazgo en la colonia que duerme entre calles con nombres festivos

El hallazgo de un cuerpo en la calle 23 de diciembre desató el protocolo habitual: cinta amarilla, curiosos y muchas preguntas sin respuesta.

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La muerte llama a la puerta en la calle 23 de diciembre

Ah, la colonia 15 de enero. Un lugar tan festivo que incluso sus calles llevan nombres de fechas célebres. Pero ayer, en la calle 23 de diciembre, el regalo anticipado fue bastante más macabro: el cuerpo sin vida de un hombre. Porque nada dice “espíritu navideño” como encontrar a alguien que ya no respira sobre un colchón en la vía pública.

Los vecinos, esos héroes anónimos del cotilleo barrial, fueron los primeros en notar que algo andaba mal. Su radar de chismes se activó cuando vieron que el individuo en situación de calle que usualmente dormía allí llevaba demasiado tiempo quieto. ¿Estará profundamente dormido o profundamente muerto?, debieron preguntarse. Ante la duda, y demostrando una eficacia envidiable, optaron por lo más sensato: marcar al 911. Más vale prevenir que lamentar, ¿no?

Vecinos del lugar refieren que el hoy occiso es un individuo en situación de calle que comúnmente dormía en esta calle, por lo que se les hizo extraño ver que no se movía.

Así comenzó el circo. Llegaron los paramédicos de la Cruz Roja, confirmaron lo obvio —que efectivamente, estaba muerto— y dieron parte a las autoridades. Porque ese es el protocolo: tú encuentras el cuerpo, nosotros constatamos que es un cuerpo, y luego llamamos a los que se encargarán del cuerpo. Una cadena de mando perfectamente aceitada para gestionar la tragedia.

El despliegue oficial ante lo inevitable

No podían faltar. Los elementos de la Guardia Estatal y la Fiscalía General arribaron al sitio con esa mezcla de solemnidad y rutina que caracteriza estos eventos. Su misión: acordonar el área con esa cinta amarilla que tanto nos fascina y realizar las “indagatorias pertinentes”. ¿Pertinentes para qué? Para determinar, supongo, que un hombre sin hogar fue encontrado muerto en la calle donde solía dormir. Un misterio digno de Sherlock Holmes.

La calle fue cerrada. El tráfico, desviado. Todo debe detenerse mientras se realiza el levantamiento del cadáver y la necropsia de ley. Porque la burocracia de la muerte es implacable: formularios, procedimientos, esperas. Se estima que el cierre durará “un par de horas”, aunque todos sabemos que ese “par” puede estirarse más que un chicle pegado en el pavimento.

Y mientras tanto, ¿qué sabemos? Poco. Que era un hombre. Que aparentemente tenía lesiones en su cuerpo. ¿De qué tipo? No se especifica. Podrían ser desde moretones hasta señales de algo más siniestro. El comunicado oficial es tan vago que da pie a toda clase de especulaciones innecesarias y morbosas. ¿Se cayó? ¿Lo empujaron? ¿Le dio un patatús después de una cena cuestionable recuperada de un contenedor? El silencio oficial es el mejor aliado de la imaginación popular.

Lo más irónico del asunto es el escenario: una colonia llamada 15 de enero, una calle llamada 23 de diciembre. La muerte no respeta calendarios ni nomenclaturas festivas. Se instala donde quiere, incluso entre calles cuyo nombre evoca regalos y propósitos de año nuevo.

Al final del día, queda una pregunta flotando en el aire cargado de indiferencia urbana: ¿cuántas personas deben morir en el anonimato antes de que su paseo sea algo más que una nota policial breve? Hoy fue un hombre sin nombre en la calle 23 de diciembre. Mañana podría ser cualquiera.

¿Esta nota te hizo reflexionar (o por lo menos arquear una ceja)? Compártela con ese amigo al que le gusta comentar las noticias con un tono igualmente cáustico. Y si te interesa estar al tanto del pulso real –y a menudo absurdo– de la ciudad, explora más contenido como este.

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Diplomacia vaticana: reunión clave mientras la visita papal flota en el aire

El embajador en El Vaticano se reúne con Segob mientras la invitación al papa sigue en el limbo. ¿Visita papal o eterna espera?

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La diplomacia mexicana con el Vaticano: mucho protocolo, poca confirmación y un papa en standby

Ahí va la cosa. Este martes, Alberto Barranco Chavarría, nuestro embajador ante la Santa Sede –sí, ese puesto existe y alguien lo tiene–, se sentó con Rosa Icela Rodríguez de Gobernación y Clara Luz Flores de Asuntos Religiosos. La agenda: revisar los asuntos bilaterales. O sea, la relación México-Vaticano, que suena a trama secundaria de una serie política pero aparentemente es importante.

“Siempre respetuosa y constructiva”, dijo Rodríguez sobre la reunión.

Traducción millennial: “Nos llevamos bien, no hubo drama, pero tampoco anunciamos nada espectacular”. Es el equivalente diplomático a poner “✨” en una historia de Instagram.

Pero hablemos de lo que todos queremos saber: ¿Y el papa? ¿Cuándo viene? Porque resulta que la presidenta Claudia Sheinbaum ya le extendió la invitación a León XIV –no confundir con los reyes franceses del pasado– durante una llamada por el Día de la Virgen de Guadalupe. Un movimiento clásico. El problema es que, desde entonces, la confirmación brilla por su ausencia.

El eterno ‘tal vez’ de la visita papal

La semana pasada, Barranco Chavarría estuvo por México para una reunión de embajadores y dejó caer esta perla:

“No hay todavía una respuesta”, dijo el embajador sobre la posible visita.

O sea, ni sí ni no, sino todo lo contrario. El Vaticano tiene a México en “visto”, como ese mensaje importante que nunca contestas. Sheinbaum misma comentó el 15 de diciembre que aún no había fecha. Así que seguimos en modo espera, con la incertidumbre como único plan confirmado.

El contexto importa: Una visita papal no es cualquier cosa. Requiere logística monumental, seguridad extrema y una agenda que equilibre lo espiritual con lo político. Además, León XIV lleva poco tiempo en el cargo –sí, es un nombre curioso para un papa moderno– y probablemente está priorizando otros frentes. Pero para México, especialmente con la devoción guadalupana, sería un evento de primer orden.

Mientras tanto, las reuniones como la de hoy sirven para mantener los canales abiertos. Para asegurar que, cuando (o si) llegue el del Vaticano, todo esté listo. Es diplomacia en su estado más puro: mucha preparación para un evento que puede o no ocurrir.

¿Qué sigue? Seguir esperando. La bola está en la cancha del Vaticano. Mientras tanto, México sigue haciendo su tarea: reuniones formales, declaraciones cuidadosas y ese optimismo cauteloso que caracteriza a las relaciones internacionales cuando hay mucho en juego pero pocas certezas.

¿Te intriga este baile diplomático? Comparte esta nota y hablemos de las relaciones internacionales más inesperadas.

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