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Espectáculos

Supergrass revivió los 90 en la Ciudad de México

Una noche de tormenta, cervezas y puro britpop que nos devolvió a todos a los 90, sin filtros y sin arrepentimientos.

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Supergrass, la banda que nos recordó que no estamos tan viejos

Imaginen esto: una tormenta digna de película apocalíptica, un mar de treintañeros con ansiedad social tratando de recordar cómo se socializaba antes de las apps de citas, y el sonido de una guitarra distorsionada que es la banda sonora de nuestra adolescencia prepandémica. Así, con todo el drama y la nostalgia, Supergrass aterrizó en el Teatro Metropolitan de la CDMX para celebrar los 30 años de su disco debut “I Should Coco“, porque aparentemente, todos envejecemos, incluso las leyendas del britpop.

La banda de Oxford, compuesta por los eternos adolescentes Gaz Coombes, Mick Quinn y Danny Goffey, no vino a jugar. Vinieron a ejecutar un viaje en el tiempo sonoro de más de dos horas, un maratón que puso a prueba tanto nuestra resistencia física (levantar los brazos con el celular para grabar cansa) como nuestra capacidad para recordar letras que teníamos archivadas en la misma parte del cerebro donde guardamos la contraseña del primer correo electrónico.

Los teloneros que casi nadie vio (gracias, clima)

Para los que llegamos fashionably late (o sea, después de la tormenta), nos perdimos a los teloneros “The Ramona Flowers” y “Sport Teams“. Según los rumores entre la multitud empapada y los memes posteriores, estas agrupaciones de la escena música independiente dieron un show lleno de energía, demostrando que el espíritu del indie no murió, solo se mudó a TikTok y aprendió a hacer virales. Un aplauso para los valientes que llegaron temprano y aguantaron el chaparrón como campeones.

Pero seamos honestos, la mayoría estábamos ahí por una razón principal: revivir esa época en la que nuestro mayor problema era decidir si comprar el CD original o el pirata. Y vaya que Supergrass entregó. El recital fue una cápsula del tiempo sonora. Desde el primer acorde de “Caught by the Fuzz“, el ambiente se transformó. De repente, los trajes corporales y las responsabilidades adultas se evaporaron, reemplazados por camisetas de bandas, cervezas sobrevaloradas y la alegría desenfadada de quien recuerda que, en el fondo, todavía corre algo de jugo verde por las venas.

El setlist que nos dio un aneurisma de la nostalgia

El repertorio fue un setlist tan perfecto que dolió. No solo tocaron “I Should Coco” completo, un álbum que es básicamente el Santo Grial del britpop, sino que además lanzaron con todo los extras. Cuando empezaron las primeras notas de “Alright“, el himno generacional que sonó en todas las fiestas y en la película “Clueless” (sí, la de Alicia Silverstone), el Teatro Metropolitan estalló. Fue un momento colectivo, una descarga de dopamina pura. Coreamos “We are young, we run green” como si nuestro trabajo dependiera de ello, como si al decirlo con suficiente convicción, el metabolismo de los 20 años volviera mágicamente.

Pero no todo fue nostalgia ciega. La banda demostró por qué son unos pesos pesados de la escena. Gaz Coombes, con una energía envidiable, conectó con el público como si fuera una reunión de viejos amigos. Mick Quinn y Danny Goffey, en el bajo y la batería, fueron la base rítmica que nos mantuvo bailando (o al menos, moviendo el cuerpo de manera aceptable para nuestra edad). Canciones como “Sun Hits the Sky” y “Pumping” cerraron la noche con una explosión de sonido que nos dejó con una sonrisa de oreja a oreja y, probablemente, con acúfenos al día siguiente.

Fue más que un simple concierto. Fue una reivindicación. Una prueba de que la buena música no tiene fecha de caducidad y de que, aunque nuestras rodillas ya no aguanten saltar como antes, el espíritu juvenil sigue ahí, esperando a que una banda británica lo despierte con una batería explosiva y un riff de guitarra memorable. En una era donde todo se vive a través de una pantalla, fue un lujo desconectar por unas horas y vivir un momento auténtico, sin stories, sin tweets, solo música, sudor y cerveza.

¿Te lo perdiste? No te quedes con las ganas. Comparte esta nota con ese amigo que siempre dice “esa banda sí era música” y explora más sobre los próximos eventos de rock que están por llegar. La nostalgia es un negocio redondo, y nosotros estamos aquí para vivirla… y contarla.

Espectáculos

Daniel Stern, el villano de ‘Mi pobre angelito’, enfrenta proceso legal

El actor de ‘Mi pobre angelito’ enfrenta cargos por presunta solicitud de prostitución en California.

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Daniel Stern, el villano de ‘Mi pobre angelito’, enfrenta proceso legal

La noticia llegó como un golpe inesperado para los fans de la clásica comedia navideña. Daniel Stern, el actor que inmortalizó al torpe pero peligroso ladrón Marv Merchants en “Mi pobre angelito”, se encuentra ahora en el centro de un proceso penal en California.

De acuerdo con información exclusiva publicada por el medio TMZ, las autoridades acusan a Stern de presunta solicitud de prostitución. El incidente habría ocurrido cuando el intérprete intentó contratar los servicios de una acompañante en un hotel.

Según el medio estadounidense, Stern no fue arrestado en el momento del incidente. En su lugar, recibió una multa y una orden de presentación.

El caso comenzó el mes pasado con una simple citación, pero en los últimos días escaló hasta convertirse en una causa formal presentada por la fiscalía local del Condado de Ventura. La Oficina del Sheriff decidió llevar adelante los cargos, lo que transformó lo que pudo haber sido una infracción menor en un asunto legal más serio.

Desarrollo del caso judicial

La audiencia inicial estaba programada para el martes 13 de enero, pero Stern brilló por su ausencia. En su lugar, su abogado compareció en representación del actor, un movimiento común en estos procedimientos donde la presencia física del acusado no siempre es requerida.

Lo que llama la atención es el silencio. Hasta este momento, Daniel Stern no ha emitido ninguna declaración pública sobre los cargos que enfrenta. Medios locales intentaron contactar a su equipo legal para conocer su versión de los hechos, pero hasta ahora solo han encontrado respuestas evasivas o directamente ningún comentario.

Este silencio contrasta fuertemente con la imagen pública que Stern ha cultivado durante décadas como un actor familiar, principalmente reconocido por su papel junto a Macaulay Culkin en la exitosa franquicia cinematográfica. Su interpretación de Marv lo convirtió en uno de esos villanos memorables que generaban más risas que miedo genuino.

El caso plantea preguntas interesantes sobre cómo manejan las celebridades este tipo de situaciones legales delicadas. Mientras algunos optan por enfrentar públicamente las acusaciones, otros prefieren dejar que sus abogados manejen todo detrás de escena hasta que se defina una estrategia clara.

Lo cierto es que esta situación marca un capítulo inesperado en la carrera de un actor cuya filmografía incluye éxitos como “City Slickers” y “The Wonder Years” (donde fue la voz narrativa adulta). A sus 66 años, Stern enfrenta no solo posibles consecuencias legales sino también el impacto en su reputación pública.

¿Qué sigue para Daniel Stern? El proceso judicial apenas comienza y determinará si las acusaciones se sostienen o si se resolverán mediante algún tipo de acuerdo. Mientras tanto, los fanáticos esperan alguna palabra del actor que les hizo reír -y a veces sentir pena- con sus torpes intentos de robo navideño.

¿Te sorprendió esta noticia sobre uno de los villanos más icónicos del cine familiar? Comparte esta historia y explora más contenido sobre las vidas detrás de cámaras de tus actores favoritos.

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El eco eterno de Alan Rickman, una década sin Snape

A diez años de su partida, el legado del actor que dio vida al complejo profesor Snape sigue vibrando con intensidad.

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Una herida que aún no cicatriza: la despedida de un titán

El mundo contuvo la respiración. Un frío glacial de enero, el del año 2016, se llevó consigo no solo a un hombre, sino a un pedazo entero de nuestra imaginación colectiva. Alan Rickman, el arquitecto de miradas cargadas de tormento y palabras afiladas como cuchillos, había partido. La noticia de su muerte resonó como un trueno en un cielo despejado, dejando atónitos a millones para quienes él era, y siempre sería, el guardián silencioso y torturado de Hogwarts: Severus Snape. Hoy, una década después, su ausencia sigue siendo un vacío que ningún otro actor ha podido llenar.

El ocaso silencioso de un héroe

Pero la tragedia no comenzó aquel día. Comenzó mucho antes, en la sombra, en un cruel y sigiloso secreto que él y los suyos cargaron como una cruz. Mientras las cámaras capturaban sus últimas escenas en Harry Potter y las Reliquias de la Muerte, los ojos más agudos percibieron algo. Un brillo menos intenso. Un paso algo más lento. La sombra del agotamiento en un rostro antes impenetrable. No era el desgaste del rodaje; era la batalla final de un guerrero. El cáncer de páncreas, ese villano invisible e implacable, libraba su guerra dentro de él. Cada línea pronunciada por el Profesor Snape en aquellos días finales estaba teñida por un dolor real, una resistencia épica que solo los elegidos comprendían.

«Recuerdo no sólo el talento monumental de Alan, sino también su nobleza y compañerismo feroz», confesaría años después su querida amiga y colega Emma Thompson.

Su viaje hacia ese altar de leyenda comenzó lejos del brillo hollywoodense. Nacido Alan Sidney Patrick Rickman, forjó su alma artística en los sagrados salones de la Real Academia de Arte Dramático de Londres. El teatro fue su primer amor, su templo. Pero el destino tenía otros planes, planes grandiosos. No dudó en cruzar el océano para conquistar Hollywood con papeles que ya eran icónicos antes incluso de filmarse: desde el despreciable Sheriff de Nottingham en Robin Hood: Príncipe de los Ladrones hasta el reservado Coronel Brandon en Sentido y Sensibilidad. Demostró que un villano podía ser tan magnético como un héroe.

Sin embargo, fue en 2001 cuando su estrella se fundió para siempre con la constelación cultural global. La Piedra Filosofal se convirtió en su portal. Con una capa negra ondeando como las alas de un cuervo y una voz que goteaba desdén y dolor a partes iguales, dio vida al personaje más complejo y amado de la saga: Severus Snape. Aquel rol no fue solo fama o fortuna; fue una llave maestra. Le abrió las puertas para proyectos donde su alma artística pudiera volar más libremente: desde la conmovedora comedia romántica Love Actually hasta la oscura maestría en El Perfume: Historia de un Asesino.

Su legado es hoy un mosaico vibrante. No solo está tallado en celuloide, sino en los corazones rotos y las sonrisas nostálgicas de quienes lo conocieron.

«Tenía ese carácter fuerte, sí, pero era la lealtad más feroz que uno pudiera imaginar», añadiría Kate Winslet.

Una década sin él. Una década sin esa voz inconfundible que podía helar la sangre o partir el alma en dos con una sola sílaba. El mundo mágico perdió a su protector más ambiguo; el cine perdió a uno de sus últimos grandes misterios.

¿Su historia ha terminado? Jamás. Mientras alguien vuelva a ver esa mirada penetrante bajo el flequillo grasiento o recite “Siempre” con un nudo en la garganta, Alan Rickman seguirá vivo. Su legado es nuestro hechizo más poderoso.


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Andrea Legarreta y su nuevo romance con un entrenador fitness

La conductora de ‘Hoy’ parece haber encontrado un nuevo amor, y sus colegas en el programa no pudieron evitar soltar el chisme.

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Andrea Legarreta y su nuevo romance con un entrenador fitness

Foto: El Universal.

Parece que Andrea Legarreta ha decidido que veintidós años de matrimonio con Erik Rubín eran suficientes para una vida. Ahora, la conductora del programa “Hoy” le está dando una nueva oportunidad al amor. O, como diríamos en el mundillo del espectáculo, está “explorando nuevas narrativas afectivas”. Tras ponerle punto final a esa larga relación (con dos hijas de por medio, Mía y Nina), la separación oficial ocurrió en 2023. Pero claro, en el glamoroso mundo de la farándula, estos procesos tienen su propio timing. Así que es hasta ahora, en los albores de 2026, cuando Andrea se anima a soltar las primeras migajas de pan para que los pajaritos del chisme las sigan.

¿El afortunado? Luis Carlos Origel, entrenador fitness y creador de contenido. Por si el apellido les suena, sí, es el sobrino del comunicador Pepillo Origel. Porque en este negocio, todo queda en familia… o al menos en el círculo de conocidos. Dicen que entre ellos existía una amistad desde hace años. Qué curioso cómo esas amistades tan duraderas a veces dan un giro inesperado hacia lo romántico. ¿Quién lo hubiera pensado?

El “destape” en vivo y en directo

El gran momento ocurrió, como no podía ser de otra manera, en el matutino de Televisa. Luis Carlos fue invitado al programa y formó equipo con Andrea para un juego. Ella, según los testigos presenciales (las cámaras), se mostró “muy sonriente”. Vaya novedad. Perdieron el juego, pero eso fue lo de menos. Lo realmente importante fue que sus colegas Galilea Montijo, Arath de la Torre y Tania Rincón decidieron actuar como el coro griego de este romance incipiente y gritaron a todo pulmón: > “Ella ya ganó”.

Subtileza nivel máximo. Si querían mandar un mensaje cifrado, fallaron estrepitosamente. Fue como anunciar un embarazo con una pancarta en Times Square.

Andrea, por su parte, se encargó de alimentar la llama desde sus redes sociales. En sus historias de Instagram compartió parte del material y escribió: > “¡No dimos una!”, acompañado de emoticones de carcajada y uno con ojos de corazón. Luego etiquetó a Luis Carlos agregando… ¡sorpresa!… un corazón. Porque nada dice “solo somos amigos” como un emoji cardíaco dirigido a alguien específico.

Aunque no ha declarado abiertamente la relación (¿para qué?, si ya lo hicieron sus amigos en televisión nacional), sí ha dejado claro que está enamorada. Los cibernautas, ese jurado popular siempre listo para dar su veredicto, no dudaron en felicitar a la conductora de 54 años.

> “Qué química tan linda entre ellos”, comentó uno.
> “Se merece toda la felicidad del mundo”, sentenció otro.
> “Omg, Andrea cada día se ve más bonita y su novio es guapísimo, se ve que está feliz con su relación”, analizó un tercero con fino ojo clínico.
> “Qué guapo. Y me encanta la sonrisa nerviosa de ella”, notó otro observador.
> “Esa sonrisa lo dice todo”, concluyó el último, cerrando el caso.

Y mientras los rumores vuelan, la vida sigue. Andrea acaba de irse de vacaciones con sus hijas y… su ex, Erik Rubín. Porque ¿qué es una moderna dinámica familiar post-divorcio sin unos días de playa todos juntos? Él ya no vive en la misma casa desde hace meses, pero aparentemente los viajes familiares siguen en agenda.

En fin, este parece ser el nuevo capítulo en la telenovela real titulada La Vida de Andrea. Con nuevos personajes (un entrenador fitness), antiguos conocidos (un ex marido cantante) y un público (nosotros) ávido por saber qué pasará en el próximo episodio.


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