Un llamado que estremece los cimientos del poder
En un giro que podría reescribir la historia reciente de México, el expresidente Ernesto Zedillo lanzó un desafío épico al gobierno actual: someter las obras emblemáticas de Andrés Manuel López Obrador al escrutinio implacable de un auditor internacional. No era una simple sugerencia, sino un grito de batalla contra lo que él denuncia como un régimen de irregularidades y despilfarro. La tensión se palpaba en cada palabra de su carta, dirigida a la presidenta Claudia Sheinbaum, a quien acusó de repetir las mismas sombras del pasado sin refutar sus argumentos.
Las obras bajo la lupa
Con la precisión de un cirujano, Zedillo enumeró los proyectos que, según él, requieren una revisión urgente: la cancelación del NAICM, cuya destrucción dejó un vacío financiero abismal; la refinería de Dos Bocas, cuestionada por costos exorbitantes; y el Tren Maya, cuya huella ecológica podría ser irreversible. “No es solo dinero lo que se ha perdido”, declaró con voz de trueno, “sino el futuro de un país que merece transparencia”.
Pero hubo una omisión calculada: el manejo de la pandemia. “Ya hay evaluaciones que exponen la incompetencia y hasta la criminalidad”, sentenció, dejando caer esas palabras como un martillo sobre el silencio incómodo de sus detractores.
La sombra del Fobaproa y los fantasmas del pasado
Sheinbaum contraatacó evocando los demonios del sexenio zedillista: el rescate bancario, los ferrocarriles vendidos, la sangre de Aguas Blancas. Pero Zedillo, imperturbable, recordó que el Fobaproa fue auditado por expertos internacionales. “Superamos la crisis y la economía creció como nunca”, afirmó, desafiando a la historia a juzgarlo.
Mientras tanto, los diputados morenistas arremetieron contra el exmandatario. Ricardo Monreal lo tachó de “hipócrita”, pero Zedillo ya había plantado su bandera: “La 4T está matando nuestra democracia”, escribió en Letras Libres, en un artículo que resonó como un campanazo en la conciencia nacional.
¿Qué sigue?
El tablero está listo para una partida que podría definir el destino de México. Sheinbaum prometió revelar “datos explosivos” sobre el Fobaproa, mientras Zedillo espera, firme como un acantilado. La pregunta que flota en el aire es simple pero aterradora: ¿quién tiene realmente las manos limpias?
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