Porque nada dice “progreso” como borrar la memoria a martillazos
Ah, la hermosa tradición mexicana de vandalizar monumentos como si fuera un deporte nacional. Esta vez le tocó al homenaje a los 43 estudiantes de Ayotzinapa en Paseo de la Reforma, porque ¿qué mejor manera de honrar su memoria que destrozando sus retratos justo cuando el Mundial 2026 acecha? Casualidad, claro. Total, solo llevaban una década exigiendo justicia.
El arte de desaparecer… hasta los recuerdos
Los retratos en blanco y negro –porque hasta el color les robaron– y el código QR que enlazaba al incómodo informe del GIEI (ese que señalaba al Ejército) amanecieron hechos trizas. ¿Quién lo hizo? Misterio. Pero si adivinan “intereses políticos”, ganan un lugar en el club de los cínicos. Hasta un incendio hubo, porque nada dice “respeto” como prenderle fuego a la justicia.
La organización Ruta de la Memoria no se mordió la lengua: acusó al gobierno capitalino y a los entusiastas del Mundial de querer una ciudad “limpia” (léase: sin reclamos sociales). “Es un ataque premeditado“, denunciaron. Vamos, que si desaparecer a 43 jóvenes no fue suficiente, ahora hay que desaparecer hasta sus fotos. Consistencia es lo que nos falta.
El monumento, instalado en 2015, ya había sido vandalizado en enero… y reparado. Pero, oh sorpresa, la amnesia selectiva vuelve a golpear. Melitón Ortega, tío de uno de los estudiantes, lo resumió con ironía involuntaria: “Destrozaron el código QR, justo donde está la verdad“. Porque en México, la verdad molesta más que un chile en el ojo.
¿Moraleja? Si quieres que algo se olvide en este país, rómpelo, quémalo o… organiza un megaevento deportivo. Total, el fútbol une… aunque sea sobre cadáveres impunes.
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