Política y vacas: Una reunión que promete más que promesas
Imaginen la escena: el Senado de la República, ese lugar donde usualmente se debaten temas que a veces nos parecen tan lejanos como la última temporada de una serie que todos ven menos tú, fue el *setting* de una reunión que le puso un sombrero de charro a la formalidad. La senadora Olga Sosa Ruíz se sentó con la Asociación de Mujeres Ganaderas de México (Mugam) y con Sabino Herrera, el presidente de la comisión de ganadería, para una junta de trabajo. Básicamente, el equivalente político a un grupo de chat de WhatsApp, pero con agendas, café amargo y, supuestamente, soluciones para Tamaulipas.
La senadora morenista, en un discurso de apertura que seguramente tuvo su dosis de retórica, reconoció lo que todas ya saben: ser una mujer ganadera en México no es exactamente un paseo en el campo. Esta actividad económica, que es la segunda en importancia en el estado dentro del sector primario (sí, justo después de eso que estás pensando), está plagada de obstáculos. Y no, no solo hablamos de los toros bravos. Aunque existen esfuerzos colectivos, los desafíos son tan locales y específicos como el sabor de un queso artesanal, con el noble propósito de hacer esta labor más dinámica y, atención con la palabra clave, incluyente.
La lista de deseos (y quejas) del sector ganadero
En la mesa de negociaciones, o sobre el mantel, se pusieron sobre la mesa los temas VIP. En el top de la lista está el control sanitario, porque a nadie le gusta importar reses enfermas. El objetivo final es poder abrir la exportación de ganado y liberar la presión que ahoga a este sector. Básicamente, quieren un pasaporte para las vacas. También se habló de fortalecer las organizaciones de productores, fomentar el comercio y de una capacitación constante que venga acompañada de herramientas tecnológicas. Porque hasta la ganadería necesita su dosis de digitalización para mejorar la productividad; al parecer, ya no basta con un buen silbato.
Pero no todo es futuro brillante. La senadora también señaló las áreas de oportunidad, que es la forma elegante de decir “problemas graves”. Habló de la “disminución de los inventarios ganaderos”, un eufemismo para la crisis causada por la degradación de los suelos, el sobrepastoreo y la caída en la producción de forrajes. En cristiano: la tierra está cansada y las vacas tienen menos para comer. La solución propuesta incluye tener “más puntos de verificación y vigilancia” y esquemas de trazabilidad más eficientes. O sea, un GPS para cada vaca, para saber dónde nació, qué comió y qué playlist escuchaba.
Y como en toda buena telenovela mexicana, también hay villanos. Se abordó el tema de la necesaria incorporación de las nuevas generaciones a esta actividad productiva (porque los jóvenes parecen preferir el *streaming* al ordeño) y el siempre espinoso asunto del cobro de piso. Este último punto afecta directamente la tranquilidad y la comercialización, recordándonos que a veces el mayor depredador del ganado no es el jaguar, sino la delincuencia organizada.
Para cerrar con broche de oro, la senadora Sosa Ruíz refrendó su compromiso con este sector, que significa empleos, economía y bienestar para las familias. Destacó que es un sector clave en Tamaulipas y que su presencia ese día reforzaba su promesa de ser la voz de todas las mujeres en el Senado, donde – según sus palabras – cuentan con una aliada incondicional. Una frase que suena tan bien que casi, casi, la creemos.
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