El circo de la justicia en Michoacán ofrece una función de horror y absurdos
Ah, la justicia mexicana. Ese faro de eficiencia y transparencia que nos ilumina con perlas como la que hoy nos convoca. Resulta que en la audiencia inicial contra los ocho implicados en el asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, la Agencia de Investigación Criminal (AIC) nos ha regalado una joya narrativa digna de un guion de Tarantino, pero con menos glamour y más corrupción. Porque, en un giro que nadie vio venir (mentira, todos lo vimos venir), se determinó que el director de la Policía Municipal, Demetrio “N”, fue el héroe de esta historia. ¿Su hazaña? Disparar contra el joven de 17 años que asesinó al edil… cuando el chico ya estaba, oh, casualidad, sometido y desarmado. Nada como un poco de justicia exprés para empezar el día.
Según los videos peritajes presentados – porque ahora hasta tenemos evidencias en alta definición de nuestras miserias –, el valiente director tomó la pistola del suelo y, con una puntería envidiable, accionó el arma directamente contra el menor. El disparo, ejecutado a menos de 30 centímetros en el pecho del autor material, ocurrió no más de 13 segundos después de que el joven descargara seis tiros contra Manzo. Por supuesto, trece segundos es mucho tiempo para pensar en las consecuencias, pero muy poco para resistir la tentación de impartir un “castigo ejemplar” al estilo del viejo oeste. ¿Quién necesita un juicio cuando tienes un arma y una mala idea?
Para rematar la función, también quedó en evidencia que un paramédico, testigo de esta ejecución extrajudicial, reveló que, tras el disparito de gracia, los escoltas le impidieron brindar los primeros auxilios y, en su caso, la reanimación. Porque, claramente, lo último que necesitaba esta situación era un ápice de humanidad. Estos fueron sólo algunos de los “elementos” que presentó la fiscalía de Michoacán en una audiencia que comenzó a las 5 de la mañana y duró casi 8 horas. El Juez de Control, probablemente exhausto de tanta ética en un solo lugar, dictó prisión preventiva oficiosa a los ocho imputados. Pero el verdadero suspense – ¿serán vinculados a proceso? – lo resolveremos el próximo miércoles. Manténganse en sintonía.
Un crimen con precio de oferta y un escolta que optó por el plan de fuga
Fuentes de la fiscalía, esas voces anónimas que siempre saben más que los comunicados oficiales, indicaron que el asesinato de Manzo fue ordenado por líderes del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) en Michoacán. Los magnánimos capos ofrecieron el módico pago de 2 millones de pesos por el ataque armado contra el edil independiente. Una ganga, considerando el precio de la carne hoy en día. En las declaraciones de los ocho implicados, se mencionó a figuras centrales del cártel como Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, y Raúl Álvarez Ayala, alias “El R1”. Según el relato, este último mantuvo comunicación con los tres sicarios jóvenes que llevaron a cabo la ejecución. Una operación tan bien coordinada que da hasta un poco de envidia corporativa.
Mientras tanto, el gobernador de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla, aportó su dosis de comedia al anunciar que un escolta del alcalde se encuentra prófugo. Porque, ¿qué sería de un crimen de alto perfil sin al menos un personaje que haga la carrera del siglo? “Ayer fueron detenidos siete (escoltas), uno no fue detenido, es decir, se encuentra prófugo, pero siete fueron detenidos”, afirmó con esa claridad meridiana que nos caracteriza. El gobernador, en un arranque de optimismo, calificó como “muy acertado” lo que hace la fiscalía y el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch. Claro, detener a siete de ocho y dejar que el octavo desaparezca es, sin duda, una estrategia de seguridad impecable.
Para cerrar con broche de oro, explicó que también están investigando a elementos de la Guardia Nacional que protegían a Manzo, aunque aclaró que ellos siempre hacían un “segundo círculo”. Porque en el mundo al revés de la seguridad pública, el círculo más cercano al alcalde lo formaban los que presuntamente facilitaron o participaron en su asesinato, mientras la Guardia Nacional observaba desde la barrera. Una metáfora perfecta de la lucha contra el crimen organizado en este país: todos mirando, nadie actuando a tiempo, y cuando actúan, lo hacen con la sutileza de un elefante en una cacharrería.
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