Los números son brutales, pero detrás hay rostros
Médicos Sin Fronteras lo dice claro: están “alarmados e indignados”. En una sola clínica de Puerto Príncipe, los casos de agresiones sexuales se han triplicado en cuatro años. No es solo estadística—es gente.
“La magnitud en la que los números han aumentado nos ha sorprendido”, dice Diana Manilla Arroyo, jefa de misión del grupo. “No solo son los números, sino la gravedad”.
Las víctimas ya no tienen edad
Antes, la mitad de los casos eran menores de 18 años. Ahora son el 24%. ¿La nueva realidad? Personas entre 50 y 80 años—casos que se multiplicaron por siete. Las pandillas no discriminan.
Más de cien personas fueron atacadas por diez o más agresores a la vez. El promedio es tres por caso. Esto ya no es crimen—es táctica de guerra.
“Los grupos armados están utilizando la violencia sexual para aterrorizar, controlar y subyugar a las comunidades”, explica Manilla.
Refugios que no refugian
Con 1.4 millones de desplazados, los sitios improvisados se convirtieron en trampas. Mujeres jóvenes y niños mezclados sin protección.
“Las madres se ven obligadas a permanecer cerca porque cuando una hija comienza a crecer, puede convertirse en víctima en cualquier momento”, relata una sobreviviente.
Lo peor: casi el 70% de quienes buscan ayuda son desplazados. Y las clínicas no encuentran refugios dispuestos a aceptarlos—especialmente mujeres con hijos o embarazadas.
“Sin refugio seguro ni opciones de reubicación, damos de alta a pacientes directamente de regreso a la pesadilla”, advierte MSF.
Volverán. Ya lo han hecho—personas que regresan después de ser atacadas otra vez. El ciclo parece no tener fin mientras las pandillas controlen el 90% de la capital.




