Un salón de clases a la deriva en la era digital
Los números son contundentes y pintan un panorama preocupante. Casi 7 de cada 10 estudiantes ya usan herramientas de inteligencia artificial para sus tareas. Pero aquí está el detalle: cerca del 80% no tiene idea de qué políticas sigue su escuela al respecto. Y menos del 30% ha recibido algo que se parezca a una capacitación.
En el caso de los maestros, la situación no es muy diferente. Alrededor del 70% también desconoce los lineamientos. Y un abrumador 90% está pidiendo a gritos formación para navegar estas aguas nuevas.
“Dicho ejercicio reunió a más de un millón 77 mil encuestas válidas, más de 1.5 millones de respuestas”, informó el subsecretario Ricardo Villanueva Lomelí.
Estos datos, que vienen de una encuesta nacional masiva, fueron presentados por la SEP. No son pocas voces: participaron aproximadamente 166 mil docentes. La foto que sale es la de un sistema educativo que fue rebasado por la tecnología casi sin darse cuenta.
Las grietas que la encuesta dejó al descubierto
La investigación no solo midió el uso, sino que identificó diferencias clave entre subsistemas educativos y brechas de género en el acceso a la tecnología. Un hallazgo particularmente llamativo es que un 9% de estudiantes y un 5% de docentes reportan usar la IA como apoyo emocional.
Frente a este diagnóstico, la Secretaría de Educación Pública ya trazó una ruta de trabajo. El plan incluye desde lineamientos éticos hasta ajustes curriculares, nuevos esquemas de evaluación y, crucialmente, alfabetización digital para cerrar las brechas que se están abriendo.
En la misma sesión se dio a conocer que la plataforma SaberesMX, impulsada por el gobierno federal, ya ofrece el curso “Nombrando y contando al mundo”. Este programa, desarrollado con el INEA, busca formar alfabetizadores a través del servicio social.
El cierre del acto fue la presentación del Programa Nacional de Educación Superior 2026–2030. Este documento pretende ser el marco rector para los próximos años en un sector que claramente necesita ponerse al día. La pregunta ahora es si las acciones seguirán al ritmo vertiginoso del cambio tecnológico.




