Una visita que buscaba respuestas
Este mediodía, el silencio habitual de las instalaciones de la Brigada de Vigilancia Animal (BVA) en Xochimilco se rompió. Llegaron ojos nuevos, con preguntas. Personal del Refugio Franciscano acudió, como parte de esos acuerdos que nacen en mesas de trabajo del Gobierno de la Ciudad. No era una visita protocolaria; era una verificación.
Lo que vieron dentro
Recorrieron los 90 módulos. No iban solos. Junto a ellos, representantes de Medio Ambiente (SEDEMA), de Gobierno (SEGOB), veterinarios y cuidadores. Una comitiva mixta: autoridad y sociedad civil, juntas.
La escena central eran los animales. Los visitantes pudieron convivir con ellos, tocar realidad. Constataron lo que se declara: atención médica según expedientes, alimentación dos o tres veces al día, procesos de rehabilitación a la medida. Vieron paseos regulares, espacios para el esparcimiento.
Las autoridades detallaron el marco. Esos módulos no se improvisaron. Se diseñaron siguiendo el Manual de Campo para la Valoración del Bienestar Animal de la PAOT. Y hay supervisión constante: doctores y especialistas de la Sociedad Mexicana de Bienestar Animal (SOMEBA) están en la mira.
“…conforme al Manual de Campo para la Valoración del Bienestar Animal… además de contar con la supervisión de doctores y especialistas…”
Esta visita cierra un capítulo de dudas públicas, pero abre otro: el de la vigilancia continua. La política sobre el cuidado animal ya no es solo un discurso; ahora tiene testigos.




