No es un ‘glow-up’, es un parche: La polémica subida de impuestos que no convence a nadie
Imaginen la escena: el gobierno anuncia, con toda la pompa de un trailer de una película de superhéroes, un aumento a los impuestos del tabaco y los refrescos. Suena bien, ¿no? Como ese propósito de Año Nuevo que todos hacemos pero que abandonamos a la segunda semana de enero. Pues resulta que los expertos en salud pública y las asociaciones civiles han visto la propuesta y su reacción ha sido unánime: un facepalm colectivo. Básicamente, dijeron ayer que la medida del Ejecutivo es el equivalente nutricional de ponerle una curita a una herida que necesita puntos de sutura. Insuficiente, lejos de lo ideal y, en el fondo, un gesto que se queda corto para combatir de verdad la prevalencia de enfermedades como problemas cardiovasculares, afecciones pulmonares, cáncer y la archiconocida obesidad.
O sea, sí, aplauden que por fin se haga algo. Es como cuando tu roomie finalmente lava su plato sucio que llevaba una semana en el fregadero: se agradece, pero no es que haya solucionado el problema de fondo de su higiene cuestionable. Los especialistas dieron el visto bueno al incremento del IEPS como un paso en la dirección correcta, una medida que podría ayudar a desincentivar el consumo y, de paso, llenar un poco más las arcas públicas. Pero acto seguido, y aquí viene el plot twist, señalaron que la propuesta se queda muy por debajo de lo que recomienda el máximo gurú de la salud global: la Organización Mundial de la Salud (OMS). Un caso clásico de “lo intentaste, pero podrías haberlo intentado con más ganas”.
Críticas con sabor a déjà vu: ¿Solo subir precios es la solución?
Pero la cosa no queda ahí. Los representantes de la sociedad civil llegaron con las manos en la cintura y soltaron una crítica que nos resulta dolorosamente familiar: la estrategia parece reducirse a aumentar los precios y punto. ¿Y la educación? ¿Y las políticas públicas de fondo? Cero mención a una política de educación física robusta en las escuelas, por ejemplo. Es como si para resolver el problema del tráfico, la única solución fuera hacer los coches más caros, en lugar de mejorar el transporte público. Una visión miope que ignora las causas raíz del problema. ¿A alguien le suena esta táctica?
En el Foro sobre Impuestos Saludables (un nombre muy serio para una discusión que se puso intensa), organizado por Morena en la Cámara de Diputados, el director de la organización Salud Justa, Erik Ochoa, fue el encargado de soltar los datos crudos. Aprobó la idea de subir el gravamen para que cada cigarro cueste 1.15 pesos, pero luego dejó caer el bomba: es insuficiente. La OMS sugiere que el impuesto debería ser del 75% sobre el precio final. La propuesta de Ochoa es más ambiciosa: aumentar los impuestos a tres pesos por cigarrillo. Según sus cálculos, esto reduciría el consumo en un 41.3%, aumentaría la recaudación en un 26.3% y, lo más importante, en una década evitaría 73,746 muertes prematuras y casi 18,000 casos de cáncer. Vamos, que con la propuesta actual nos estamos conformando con las migajas cuando podríamos tener el pastel completo.
Por el lado de las bebidas, Paulina Magaña, de El Poder del Consumidor y la Alianza por la Salud Alimentaria, puso sobre la mesa la recomendación de la OMS para las bebidas azucaradas: un aumento del 20% sobre el costo final, lo que se traduce en unos 7 pesos extra por litro. Ella calcula que con esto se recaudaría un 210% más de lo que plantea el actual Paquete Económico. Es decir, estamos dejando sobre la mesa una cantidad obscena de dinero que podría destinarse a, no sé, ¿mejorar el sistema de salud? Suena a que alguien no hizo bien la tarea.
Y para darle un toque de realidad económica, Cuauhtémoc Rivera, presidente de la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes, se quejó de que siempre se justifica el aumento al costo de los productos con la promesa de reducir las enfermedades crónicas, pero después de una década de estas políticas, aún no queda claro en qué se traduce esa ayuda. Es la eterna promesa de “confía en el proceso” que nunca se materializa en resultados tangibles para la ciudadanía de a pie.
En resumen, lo que tenemos es una medida que, en el mejor de los casos, es un buen intento, y en el peor, un gesto vacío que no aborda el problema con la contundencia necesaria. Subir impuestos está bien, pero si no viene acompañado de educación, prevención y transparencia en el uso de los recursos, se queda en una anécdota más en la eterna batalla entre la salud pública y los intereses económicos. Una batalla que, por cierto, estamos lejos de ganar con estas estrategias tibias.
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