La guerra fría (y no tan fría) de los Cuevas
Otra vez. Carlos Cuevas sale al quite tras las declaraciones de su hermana, Aída, sobre una supuesta victoria legal y una indemnización millonaria. El cantante lo niega todo de plano.
“Es un despropósito, una mentira, estoy bien asesorado por mis abogados; por lo pronto vamos a dejar que hable y que hable”,
dijo a un canal de YouTube. La cosa viene de lejos: un pleito de años por acusaciones cruzadas sobre el trato a sus padres.
De la unión al odio, según Carlos
Lo curioso es el giro que toma la narrativa. Carlos habla de 50 años de apoyo mutuo, donde ella lloró sus penas y convivió con sus hijos. Ahora, la describe movida por la envidia y con un patrón recurrente.
“Cada tres meses o cada mes se le ocurre salir con lo mismo, pero ahora aumentado”,
expresa, sugiriendo que escala las acusaciones porque las simples no ‘funcionan’.
Pero aquí viene lo fuerte. Carlos asegura tener material comprometedor sobre Aída que no sacará por respeto. Y luego suelta la bomba: la vincula con prácticas de santería, aunque dice no temerle porque él ‘se encomienda a Dios’.
La reflexión más polémica llega después. El cantante vincula el ‘odio’ que dice recibir con el que Aída habría sentido por sus exparejas.
“¿No estará enamorada de mí? Es que está ilógico que esté haciendo todas estas cosas”,
se pregunta en voz alta, en una teoría que ha hecho saltar las redes.
Al final, entre tanta declaración fuerte, queda un resquicio. Carlos admite que, tras años de batalla legal y mediática, la perdonaría si ella pidiera disculpas. Un final abierto para una historia familiar que empezó con ella impulsando su carrera en ‘Siempre en Domingo’ y hoy se escribe con demandas y declaraciones explosivas.




