Un objeto cotidiano desencadena el caos y la suspensión del servicio en una de las líneas más transitadas de la ciudad.
El caos hídrico obliga al Metro a reducir velocidad en cuatro líneas clave, mientras la ciudad se sumerge en el caos.
El caos nocturno se apodera de la Línea A mientras el Metro decide que los domingos son para reparar, no para viajar.