La elección de la fecha tiene raíces en antiguas celebraciones paganas y una decisión eclesiástica clave que transformó una tradición romana.
Un evento cósmico marca el cambio estacional con la noche más prolongada y un Sol en su punto más bajo en el horizonte.
El cielo nocturno se viste de gala con un desfile celeste único, desde meteoros coloridos hasta encuentros planetarios.