El drama se intensifica
La presidenta Claudia Sheinbaum soltó una bomba en la mañanera: el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, pidió protección al Gabinete de Seguridad. Y se la dieron. Punto.
No es cualquier cosa. En medio de una tormenta por la solicitud de extradición de Estados Unidos, el hombre que dejó el cargo para enfrentar la música está bajo el paraguas del Estado mexicano.
Sheinbaum fue directa: “Sí, normalmente en estos casos… se hace un análisis de riesgo y sobre eso se fortalece, se da o no seguridad”. Y ahora, dijo, “tiene la seguridad dada la condición que estableció el propio Gabinete”.
El dilema que no es dilema
Pero el plato fuerte fue su respuesta a quienes hablan de un “terrible dilema” entre entregar a Rocha o protegerlo. La presidenta se plantó:
“No encubrimos a nadie, pero por favor, pruebas.”
Y fue más allá. Dijo que nunca en la historia habían pedido con urgencia una orden de aprehensión contra un gobernador en funciones. Y señaló con dedo acusador a Washington: “Que envíen las pruebas que tienen… además están violando la confidencialidad. ¿Qué objetivo tenía sacarlo a ocho columnas?”
Aquí hay una jugada maestra. Sheinbaum no solo defiende a un gobernador de su partido—lo enmarca como defensa de la soberanía nacional. “Es la defensa del pueblo, la defensa de nuestra dignidad, es la defensa de nuestra Patria y la justicia”, sentenció.
Lo que no se dice
Claro, el trasfondo es más complejo. Rocha enfrenta acusaciones de nexos con el narco, y su licencia huele a maniobra política para ganar tiempo. Pero la presidenta lo vendió como un acto de justicia: primero las pruebas, luego la acción.
¿Estrategia o convicción? Probablemente ambas. En el teatro político, cada declaración tiene un público: los que dudan de Morena, los que exigen transparencia, y los que ven en Estados Unidos al villano de siempre.
Por ahora, el guión sigue: Rocha protegido, Sheinbaum firme, y el país esperando que el próximo acto traiga más respuestas que preguntas.




