“¿Por qué no hablan de García Luna?”
La presidenta Claudia Sheinbaum cerró filas este martes. Ante las revelaciones del exconsejero jurídico Julio Scherer en su libro, su respuesta fue un desvío maestro. No, no ve necesidad de que la FGR lo investigue.
“Pues no, no veo ninguna necesidad. ¿Por qué no siguen investigando a García Luna? ¿Por qué no hablan de García Luna?”
Ahí está el truco. Mientras los medios preguntan por un libro que habla de financiamientos turbios en el pasado, ella responde con un nombre del presente: Genaro García Luna. El exsecretario de Seguridad de Calderón, preso en Estados Unidos, es su escudo perfecto.
Es la clásica jugada: cuando te preguntan por A, tú respondes con B. Y si B es un narcopolítico condenado al otro lado del río Bravo, mejor. La indignación selectiva como arte de gobierno.
La justicia según el calendario
Sheinbaum insistió en que su gobierno actúa cuando hay pruebas, citando casos municipales. Pero sobre Scherer y sus acusaciones escritas y publicadas… silencio activo.
“Se encuentra, hay prueba, se actúa, cero impunidad”, declaró sobre su propio proceder.
Lo curioso es la línea que traza entre lo investigable y lo ignorable. Un libro con acusaciones específicas contra morenistas del sexenio pasado: no ve necesidad. Un exfuncionario calderonista ya encarcelado: hay que seguir insistiendo.
La memoria histórica parece tener fecha de caducidad. Lo de hace seis años urge; lo de hace doce… ya fue.
Terminó diciendo que no leerá el libro y reiterando que ellos “no protegen a nadie”. La pregunta que queda flotando en el aire de Palacio Nacional es más simple: ¿a quién sí están dispuestos a investigar realmente?




