Porque nada dice “libertad” como un registro facial obligatorio… digo, voluntario
En un giro que nadie vio venir (mentira, todos lo vimos), la presidenta Claudia Sheinbaum salió a aclarar que la CURP biométrica es tan obligatoria como hacer ejercicio en Año Nuevo. Es decir, técnicamente no, pero te harán sentir culpable si no lo haces. ¿La excusa? “Por si algún día te desapareces, cariño”. Qué reconfortante.
Desde su trono en Palacio Nacional (bueno, su conferencia mañanera), la mandataria soltó esta perla: “Evidentemente a nadie se le puede obligar… pero deberían”. Ah, la clásica táctica del “no es obligatorio, pero el que no lo haga es un irresponsable social”. ¿Les suena? Como cuando tu mamá decía “come brócoli… pero claro, tú decides”.
Y por si dudabas: los bancos ya lo hacen
Ante el lógico temor de que el gobierno tenga tus datos biométricos (qué podría salir mal), Sheinbaum esgrimió el argumento definitivo: “¡Pero si hasta tu app bancaria te pide una selfie!”. Porque claramente, que las empresas lo hagan con fines de lucro justifica que el Estado lo replique. ¿Siguiente paso? ¿Que las farmacias vendan nuestros datos de ADN porque Ancestry.com lo hace?
La cereza del pastel fue su promesa de seguridad: “No se usará para otros fines… a menos que seas víctima”. O sea, tus datos estarán más seguros que el celular de un político, hasta que alguien decida que no. ¿Y quién define qué constituye un “caso válido”? Bueno, eso quedó tan claro como el código fuente del sistema.
Eso sí, el timing es impecable: justo cuando la desconfianza hacia las instituciones está por las nubes, nos piden que entreguemos nuestras huellas dactilares como si fueran puntos de la tarjeta del súper. “Es por tu bien”, dicen, mientras el historial de fugas de datos en el sector público brilla por su ausencia… o mejor dicho, por su excesiva presencia.
Y tú, ¿correrás a registrar tu iris en octubre? O, como diría la propia Sheinbaum: “Claro que no te obligamos… pero si desapareces, no digas que no te avisamos”.
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