Puebla respira al vencer a Mazatlán en duelo clave
Con un grito desgarrador y una voltereta, Édgar Guerra hizo más que anotar. Liberó meses de frustración acumulada en las gradas del Estadio Cuauhtémoc. El 2-1 final sobre Mazatlán FC fue eso: un suspiro colectivo, un golpe de moral y, sobre todo, un respiro en la lucha por evitar el descenso.
Para el técnico Albert Espigares, estos tres puntos valen su peso en oro. No solo alejan al equipo de la temida multa por quedar último, sino que inyectan una dosis de confianza justo cuando más se necesita. Ante un rival directo en la parte baja de la tabla, el mensaje es claro: la Franja no se rinde.
Un partido definido por los primeros minutos
La estrategia del conjunto poblano fue clara desde el pitido inicial: presionar alto y buscar un gol rápido para jugar con ventaja. Y vaya si funcionó. Apenas a los dos minutos, un error garrafal en la salida de balón de Mazatlán lo pagó caro. Jair Díaz perdió la pelota en una zona de alto riesgo y Esteban Lozano, con frialdad, mandó el esférico al fondo de las redes.
“La primera anotación llegó apenas al minuto dos, producto de un exceso de confianza en la zona baja mazatleca”, se pudo ver en la repetición.
Con el marcador a favor, Puebla se soltó. Jugó con una libertad que hacía tiempo no mostraba. A los 12 minutos, llegó el segundo. Un centro preciso encontró a la cabeza de Édgar Guerra, quien no perdonó. Su celebración eufórica frente a la banda lo dijo todo: era el desahogo de un equipo y su afición.
El resto de la primera mitad fue de control total por parte de los locales. Tuvieron chances para liquidar el encuentro, pero priorizaron la posesión y administraron la ventaja hasta el descanso.
La segunda parte pintaba para ser un trámite, pero el fútbol rara vez es tan simple. Puebla bajó notablemente la intensidad, quizás confiado en los dos goles de renta. Eso le dio oxígeno a un Mazatlán que no tenía nada que perder.
Los visitantes encontraron su arma en los balones parados. Al minuto 69, tras un córner mal despejado, Facundo Almada apareció solo en el área para descontar y poner nerviosos a todos en el Cuauhtémoc.
El final fue de vértigo. Mazatlán lanzó todo al ataque buscando el empate. Solo una intervención clave del portero Ricardo Gutiérrez en los minutos finales salvó los tres puntos para Puebla. Fue un recordatorio crudo: en esta Liga MX, nada está seguro hasta que suene el silbato final.
Más allá del marcador: El impacto psicológico
Analizando fríamente la tabla, son tres puntos vitales. Pero su valor trasciende lo numérico. Para un vestuario que cargaba con la presión de una mala racha y el fantasma del descenso, esta victoria actúa como un reinicio mental.
Le devuelve la fe a una plantilla que necesita creer para rendir. Y quizás lo más importante: reconecta al equipo con una afición que ansiaba algo por qué celebrar dentro de su propia cancha.
El camino hacia la permanencia sigue siendo largo y empinado, pero con este triunfo Puebla demostró que tiene carácter para la pelea. Ahora toca capitalizar este impulso positivo.
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