Un respiro para La Habana, ¿pero por cuánto tiempo?
La noticia llegó por la televisión estatal: el buque ruso Anatoly Kolodkin navegaba hacia el puerto de Matanzas. Después de meses de un cerco energético que ha paralizado la isla, Cuba está a punto de recibir 730.000 barriles de petróleo. Un giro inesperado, porque Washington permitió el paso.
Desde enero, los cubanos no veían llegar suministros de combustible. El resultado ha sido devastador: apagones interminables, desabastecimiento brutal de comida y medicinas. Una crisis económica que se siente en cada hogar.
“Este movimiento desafía directamente el bloqueo unilateral impuesto por el gobierno de Estados Unidos”, declaró Cubadebate, el portal oficial.
El barco en sí es un símbolo del conflicto global. Está sancionado por EEUU, la UE y Reino Unido debido a la guerra en Ucrania. Su viaje hasta aquí es una jugada geopolítica con olor a diésel.
¿Qué hay detrás del cambio de actitud?
Las declaraciones del expresidente Donald Trump sonaron casi… compasivas. “No nos importa que reciban un cargamento porque lo necesitan… tienen que sobrevivir”, dijo a periodistas. El mismo hombre que impuso el cerco energético a comienzos de año.
Es una contradicción que huele a negociación. La Habana y Washington reconocen que mantienen conversaciones, aunque nadie sabe de qué hablan exactamente.
Mientras tanto, el Departamento de Estado anunció su propio acuerdo: conseguirá combustible para los generadores de su embajada en La Habana. Un pequeño alivio diplomático que evita, por ahora, la salida del personal.
Desde Moscú, el portavoz del Kremlin fue claro: “Rusia considera que es su deber no permanecer al margen”. Para Putin, Cuba sigue siendo un peón estratégico en el tablero latinoamericano.
Y México también se asoma. La presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que su país sigue ayudando “en términos humanitarios” y que se trabaja en acuerdos comerciales para enviar petróleo. Incluso mencionó que empresas privadas en la isla –como hoteles– han contactado a Pemex para comprar crudo.
Aquí está el patrón: crisis humanitaria + presión internacional = pequeñas fisuras en el embargo. Lo hemos visto antes. Pero un solo barco no resuelve nada cuando Cuba produce solo el 40% del combustible que necesita.
Es un respiro, sí. Pero para las familias que siguen sin luz y sin medicinas, la pregunta es simple: ¿y mañana?




