Porque Hablar, Al Parecer, Todavía Sirve para Algo
En un giro argumental que nadie vio venir, en medio de un mundo que parece empeñado en solucionar todo a gritos y aranceles, la exministra canadiense Mary Ng ha tenido la osadía de sugerir una idea radical: el diálogo. Sí, esa antigua práctica que muchos consideran tan obsoleta como un fax. Ante las tensiones geopolíticas y las narrativas externas que amenazan con convertir la cooperación regional en un recuerdo lejano, Ng pidió preservar y fortalecer la relación entre los tres socios del Tratado entre México, Estados Unidos y México (T-MEC). Qué concepto tan novedoso.
Durante su intervención en el Global Investors Symposium del Milken Institute, la funcionaria, con una paciencia que merece una medalla, aseguró que, a pesar de los desafíos, el trabajo conjunto es esencial para no tirar por la borda los avances logrados en las últimas tres décadas. “Tenemos que seguir hablando entre nosotros. Tenemos que seguir trabajando juntos. Tenemos que seguir resolviendo problemas”, afirmó, en lo que parece ser el eslogan más sensato y a la vez más utópico del año.
Pero no se detuvo ahí. En un discurso que podría resumirse como “un manual para sobrevivir a la vecindad más complicada del planeta”, agregó con una dosis de realismo optimista: “la única forma de superar las partes difíciles es resistir las circunstancias externas y el ruido que hay allá afuera, seguir trabajando juntos, arremangarse y hacer las cosas difíciles que son difíciles simplemente porque lo son. Pero dentro de eso, hay oportunidad”. O sea, la receta es: aguantar vara, ignorar el drama y ponerse a trabajar. Revolucionario.
Invertir en Puertos y en Paciencia
Ng, haciendo gala de un pragmatismo envidiable, destacó que esta relación trilateral es clave para desarrollar infraestructura comercial, logística y energética. Parece que, después de todo, el nearshoring no funciona con solo desearlo; se necesitan puertos, carreteras y tal vez un milagro ocasional. “Si estamos haciendo más nearshoring, entonces necesitaremos la logística y la infraestructura comercial”, señaló, iluminándonos con la perogrullada más lucrativa del siglo. “Hay una oportunidad real para desarrollar infraestructura como puertos”, ejemplificó, desde la Ciudad de México, probablemente mirando con nostalgia un mapa de carreteras sin baches.
La exministra, con la vista puesta en un futuro que el resto de nosotros a veces dudamos que exista, enfatizó la importancia de una visión estratégica que incluya desde energías renovables hasta la nuclear, y la tecnología de la salud. Áreas que, según ella, no solo responden a necesidades actuales, sino que ofrecen oportunidades de inversión con retornos tangibles. “Estas son áreas que también ofrecen un gran clima de inversión, porque la previsibilidad del entorno que permite que estos proyectos se lleven a cabo generará verdaderos rendimientos para los inversionistas”, comentó. O lo que es lo mismo: en un mundo impredecible, apostar por lo predecible es el nuevo negocio de alto riesgo.
Para quienes piensan que esto del T-MEC es una moda reciente, Ng les dio una lección de historia: recordó que la cooperación en América del Norte es el resultado de más de 30 años de trabajo conjunto. “Estas son relaciones. Tenemos más de 30 años de relación y hemos logrado muchas cosas juntos. Es muy fácil dejarse llevar por las circunstancias externas y las narrativas, pero tenemos que adoptar una visión a largo plazo”, sentenció. Básicamente, nos pidió que actuemos como adultos responsables en medio de un patio de recreo geopolítico.
El Optimismo Oficial: Un Deporte de Alto Riesgo
Y, como en toda buena comedia, hubo una segunda parte. El embajador de México en Estados Unidos, Esteban Moctezuma, subió al escenario para repartir su propia dosis de optimismo. Afirmó que existe flexibilidad en el gobierno estadounidense, mencionando como ejemplo concreto las visas de trabajo para la construcción, reconociendo así, por fin, la importancia de los trabajadores mexicanos. Algo es algo.
Dijo que la base del T-MEC es “fuerte y robusta”, y que el gobierno mexicano entiende “las necesidades de Estados Unidos y qué es lo que quiere el presidente Donald Trump, cómo enfocarse y abordar todo eso”. Un logro diplomático sin duda, descifrar los deseos de una de las figuras más impredecibles de la política moderna. Para rematar, mencionó “un gran avance” en temas espinosos como migración y fentanilo, asegurando que “la negociación ha sido bastante saludable porque no solamente hemos considerado las necesidades de México, sino también de Estados Unidos”. Vaya, parece que la negociación gana-gana no estaba tan muerta como creíamos.
Así pues, entre llamados al diálogo y muestras de optimismo cauteloso, el futuro de la relación trilateral se pinta como una apuesta donde la cordura y la infraestructura son las cartas fuertes. Porque, al final del día, alguien tiene que construir los puertos que necesitaremos para seguir comerciando… y quizá para escapar si todo sale mal.
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