La corona brilla, pero el pasado pinta turbio
Justo cuando creíamos que el único drama en la vida de Fátima Bosch sería elegir el color de su nueva capa de reina, la vida nos demuestra, una vez más, que el universo tiene un sentido del humor bastante retorcido. Resulta que mientras la tabasqueña practicaba su sonrisa de “paz y amor mundial”, un fantasma del pasado familiar decidió que era el momento perfecto para salir del clóset (o del archivo judicial, en este caso).
El papá de nuestra flamante Miss Universo 2025, el señor Bernardo Bosch Hernández, tuvo un pequeño, minúsculo, casi imperceptible roce con la ley. Nada del otro mundo, solo una inhabilitación de 10 años para cargos públicos por un presunto enriquecimiento ilícito durante su época de Gerente de Responsabilidad y Desarrollo Social en Pemex. Porque, ¿qué es un poco de responsabilidad social sin un bonus millonario inexplicable, verdad?
Los detalles que no salen en el certamen
La cosa se puso color de hormiga en 2019, cuando la Fiscalía General de la República le puso la lupa a las cuentas de don Bernardo. La investigación reveló que, entre 2011 y 2015, el señor no podía justificar unos míseros 6.5 millones de pesos. Una cifra que, seamos sinceros, supera por mucho lo que cualquiera de nosotros encuentra entre los cojines del sofá. Todo esto mientras su colega, Miguel Ángel Lozada Aguilar, también estaba en el ojo del huracán.
La Secretaría de la Función Pública no se anduvo con chiquitas y le soltó la mano: una década fuera del erario. “Y como consecuencia, la destitución del empleo, cargo o comisión que desempeñe en el mismo”, rezaba el comunicado oficial de Petróleos Mexicanos en agosto de 2019. Un detalle que, estoy segura, no mencionaron en la ronda de preguntas del certamen.
Para darle un toque de realismo mágico mexicano, el mismísimo director de PEMEX, Octavio Romero Oropeza, salió al día siguiente a confirmar el castigo paternal con la típica frase burocrática que todos amamos: “La Secretaría manda un oficio, pidiendo la inhabilitación y hubo que proceder a eso”. O sea, “yo solo seguía órdenes, amigos”.
El final (¿feliz?) que no esperabas
Pero aquí es donde la trama da un giro digno de telenovela de las tarde. Don Bernardo, como cualquier buen personaje que se respete, no se cruzó de brazos. Peleó la sanción y, ¡oh, sorpresa!, el Tribunal Federal de Justicia Administrativa (TFJA) le dio la razón al año siguiente. Invalidaron la penalización argumentando que no tenía sustento legal. Lo que nunca supimos, y aquí es donde todos levantamos una ceja con escepticismo, es si al final el señor logró comprobar sus ingresos o simplemente ganó en una tecnicidad legal.
Y como en todo buen melodrama, hay un final “y vivieron felices para siempre”. O algo así. Porque desde octubre pasado, Bosch Hernández volvió a la jugosa esfera pública como subdirector de Seguridad y Salud en la empresa petrolera. Porque, claramente, si hay algo que necesitas después de un escándalo de corrupción es un cargo de alto nivel en el mismo lugar. La moraleja de la historia: una corona de Miss Universo puede pesar mucho, pero no tanto como un expediente de opacidad en Pemex.
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